Nos informan que este verano de 2021 se ha rodado una película del oeste (western) en la provincia de Segovia, a cargo de dos prestigiosas productoras internacionales, como son la BBC y Amazon; y contando con actores de primera línea mundial.

Para ello, siguiendo los cánones clásicos del cine norteamericano de este género, se precisan paisajes llanos, suavemente alomados, de vistas panorámicas, con montañas rodeando la escena por todos los planos, con nieve en las cumbres, para dar rienda suelta al gran angular de la cámara; arroyos poco caudalosos, fácilmente vadeables a caballo o con carretas; suelos ralos y pulverulentos, de tonos cálidos anaranjados, con vegetación herbácea y arbustiva, y escasa o nula antropización moderna posterior al siglo XIX.

Entrada a la finca donde se ha realizado la grabación de la serie. Foto: Eduardo Redondo para El Adelantado de Segovia.

Y ¿dónde se cumplen estas características en la provincia de Segovia? Está claro: sólo en las cuencas intramontanas de la Sierra de Guadarrama-Malagón; y, entre ellas, la única que presenta un relleno sedimentario cenozoico de carácter arcilloso-arenoso, o sea, Campo Azálvaro.

Valles que realmente son fosas tectónicas

El origen más común de los valles es la erosión, o bien la acción combinada de erosión y sedimentación, producida por los ríos. En zonas montañosas, otro tipo puede deberse a la excavación que ejercen grandes glaciares. Pero también hay valles cuyo origen es la elevación y hundimiento de grandes bloques, normalmente alargados y rígidos, a partir de fallas. Cuando esto sucede, los bloques elevados quedan como caballones y se denominan horst (‘lugar alto’ en alemán). Y los bloques hundidos fosas tectónicas o graben (‘surco’ o ‘zanja’ en alemán); aunque modernamente, cuando las fallas que limitan estos bloques son inversas, los científicos prefieren usar los términos ‘bloques levantados’ (pop-up) y ‘bloques hundidos’ (pop-down).

Para que se forme un valle de esta naturaleza hay dos posibilidades: que dos bloques se eleven por encima de otro (al estar sometidos a una compresión), o bien que un bloque se hunda o colapse entre dos (debido a un estiramiento o distensión). En ambos casos el resultado es un bloque hundido entre dos elevados, que queda como un valle, fosa o depresión. Las laderas de los bloques elevados, denominadas escarpes tectónicos, son superficies de fallas a partir de las cuales se ha producido el levantamiento, las cuales pueden haber sufrido distintos tipos de modificación por erosión. Otra consecuencia inmediata de que un horst se eleve con respecto a un graben es la siguiente: el bloque elevado tiende a erosionarse, y el bloque hundido a recibir y a acumular los sedimentos procedentes del primero, de manera que el techo del segundo se convierte en el fondo de una pequeña cuenca sedimentaria.

La Sierra de Guadarrama está constituida por toda una serie de bloques elevados y hundidos, de manera que incluye varias fosas o valles tectónicos. El valle del Lozoya constituye su mejor ejemplo. En el Guadarrama segoviano, los más destacados son: Campo Azálvaro, la Fosa del Moros – El Espinar, y a nivel muy discreto pero didáctico, la fosa de la Salceda.

Esquema simplificado de la formación de un valle o fosa tectónica, que sirve para explicar el origen de las depresiones de Campo Azálvaro, El Espinar y La Salceda. El bloque hundido entre dos elevados asemeja un ‘gran quesito’ que se desnivelara de sus vecinos, bien porque los dos contiguos se elevan, bien porque el intermedio se hunde. Dibujo: Jorge Soler Valencia en Díez Herrero y Martín Duque (2005), Las raíces del paisaje.

La carretera recta de Campo Azálvaro

La fosa tectónica de Campo Azálvaro tiene forma de rombo irregular, cuyos lados son de nuevo magníficas fallas. El levantamiento de los bloques montañosos de Ojos Albos y Peña Morena y Malagón hizo que éstos sufrieran una importante erosión, y que el bloque hundido de Campo Azálvaro actuara como un surco receptor de los sedimentos procedentes de los primeros. Estudios llevados a cabo en esta pequeña cuenca han determinado que ésta está rellena por nada menos que 400 metros de espesor de sedimentos.

Extracto del mapa geológico nacional a escala 1:50.000 (MAGNA), hoja 507 El Espinar, correspondiente a la fosa romboidal de Campo Azálvaro, con formaciones sedimentarias (colores verdes claros, amarillos y anaranjados), rodeadas por rocas graníticas (colores rosas y rojos) y metamórficas (colores verdosos oscuros). Fuente: Instituto Geológico y Minero de España (IGME, CSIC).

La existencia de sedimentos cretácicos en esta fosa prueba que el mar de esa época llegó a cubrir toda la Sierra en este sector, antes de que ésta se elevara. Al levantarse los bloques montañosos de Ojos Albos y Malagón, los sedimentos cretácicos que existían sobre ellos se erosionaron. Los bloques montañosos siguieron elevándose y erosionándose, y la cuenca siguió rellenándose de sedimentos, dejando enterradas las capas cretácicas. Como la edad de la mayoría de los sedimentos que rellenan esta depresión son ‘miocenos’ (ITGE, 1990), tenemos que suponer que el levantamiento de los bloques que bordean la cuenca se produjo sobre todo en el Mioceno.

Que la cuenca esté rellena por estos sedimentos (no por su edad, sino por su composición ‘arenosa’) tiene muchas consecuencias ecológicas y paisajísticas. En primer lugar, esos sedimentos favorecen la formación de suelos más profundos que los de las inmediatas sierras, aptos para pastizales y cultivos de secano, de manera que otorgan al valle un aspecto de ‘campiñas’. Y al igual que dan el nombre de ‘campo’ a otros lugares donde dominan (Tierra de Campos, Campo de San Pedro…), también lo hacen aquí (Campo Azálvaro). 

La existencia de un fondo de valle plano, debido al relleno de un bloque hundido, evitó complicaciones a la hora de establecer el trazado de la carretera de El Espinar a Ávila, muy recta. Y las formas topográficas onduladas características de este tipo de terrenos sedimentarios, sucesión pequeñas colinas y vaguadas, explican sus numerosos ‘toboganes’. Foto: Alberto Carrera en Díez Herrero y Martín Duque (2005), Las raíces del paisaje.

Para saber más…

DÍEZ, A. Y MARTÍN-DUQUE, J.F. (2005). Las raíces del PaisajeCondicionantes geológicos del territorio de Segovia. En: ABELLA MARDONES, J.A. et al. (Coords.), Colección Hombre y Naturaleza, VII. Ed. Junta de Castilla y León, 464 págs. ISBN 84-9718-326-6.