Lagunas de la Tierra de Pinares

Las llanuras arenosas de la provincia de Segovia, la denominada ‘Tierra de Pinares’, constituyen una singularidad geomorfológica dentro de la Península. Si bien pueden encontrarse formaciones geológicas y paisajes similares en otras regiones ibéricas, no es muy común que ocupen una superficie tan extensa como en esta comarca situada al sur del Duero, entre las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid. En Segovia, estas llanuras arenosas dominan dos grandes sectores: el interfluvio Duratón-Cega, en el centro de la provincia, y formando una amplia llanura entre los ríos Cega, Pirón, Eresma y Voltoya, en el noroeste. El sustrato de este dominio corresponde a mantos arenosos, con espesor variable entre unos decímetros y varias decenas de metros, en cuyo caso son explotadas desde un punto de vista mineral. Las repercusiones hidrogeológicas de este importante recubrimiento sedimentario son también destacadas. Por un lado sirven de ‘recarga’ a acuíferos más profundos, y por otro da origen a manantiales muy caudalosos, en las zonas de contacto con formaciones geológicas infrayacentes.

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La singularidad geomorfológica de esta amplia llanura se encuentra en sus elementos de detalle: formas dunares inmóviles (o ‘fósiles’) de diversa tipología, y lagunas de alto valor ecológico que ocupan depresiones y zonas interdunares. Entre los variados y dispersos conjuntos de lagunas y bodones que se localizan en la Tierra de Pinares segoviana, destacan por su extensión y permanencia los situados dentro de los actuales términos municipales de Cantalejo, Lastras de Cuellar y Coca-Villeguillo.

El sistema lagunar de Cantalejo está compuesto por un número variable de áreas encharcadas, según el momento de inventario y autor considerado, puesto que su carácter estacional y alta variabilidad interanual condicionan su aparición y desaparición en el tiempo y el espacio. Se trata de zonas endorreicas (las aguas del entorno afluyen hacia ellas) de pequeña extensión (inferior a tres hectáreas), en el interfluvio llano entre los ríos Cega y Duratón, con láminas de agua poco profundas (de uno a tres metros). Al menos seis de estas lagunas tienen un carácter cuasi-permanente: Navalayegua, Navaelsoto, la Temblosa, la Cepedosa, Navahornos y la Muña; además están las lagunas de: Navalucía, el Sapo, Juan (Navacornales), Sotillo Bajero, el Sotillo, los Pollos, Juana, Navalagrulla, la Cerrada, Matisalvador, Berzal, la Nava, etc.

El sistema lagunar de Lastras de Cuéllar, aunque tuvo un mayor número de zonas encharcadas, queda en la actualidad prácticamente restringido a las lagunas del Carrizal, la Tenca y Lucía (Hontalbilla). La primera, alimentada por el arroyo de la Cigüeña, presenta una considerable extensión (tres a cinco hectáreas) y profundidad (dos a tres metros), aunque modificadas por una antigua extracción de turba y arena en una de sus márgenes. La Tenca era la laguna más extensa de la comarca (17 a 20 hectáreas), pero su lámina de agua desaparece completamente durante las sucesiones de años secos. La laguna Lucía tenía 4,4 hectáreas de extensión pero está sufriendo un proceso acelerado de colmatación e invasión por la vegetación hidrófila. Otras pequeñas charcas son: Zarza, la Polona, Abajo, las Ánimas, Arriba, la Merina, El Bodón, Navazo Román…

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El conjunto de Coca-Villeguillo está formado por media docena de lagunas bastante extensas en el entorno de Villagonzalo y Ciruelos de Coca; son las lagunas de la Iglesia, Fuente Miñor, las Eras, Valderruedas y Caballo Alba (2), y los bodones Pedro Corbo y Redondo. En varias de ellas se produce la precipitación y depósito de sales singulares y compuestos biogénicos que están siendo objeto de tesis doctorales.

De forma aislada se localizan también lagunas en los términos municipales de San Martín y Mudrián (Prado Navaca, el Bordal, Losáñez, la Salida y la Magdalena), Navas de Oro (Pero Rubio, la Magdalena, la Requejada y la Vega), Nava de la Asunción (balsas Larga, de las Navas, Cuesta Blanca, Anteojos y Asenjo), Navalilla (el Tiemblo), Sanchonuño (El Señor), Frumales (Navarredonda), Hontalbilla (Soto), Santiuste de San Juan Bautista (el Sanchón), Villaverde de Íscar (el Carabo), Pinarnegrillo (el Prado), Fuentepelayo (La Llosa y Paco García), Navalmanzano (la Cruz), Fuenterrebollo (Pesilgas, Cencerradas, Tremedosa, los Navazos, Herreros, Zorreras…) y muchas otras de menor entidad o bien prácticamente desaparecidas. A principios y mediados del siglo XX, muchos pueblos de la Tierra de Pinares tenían en sus inmediaciones una pequeña laguna, charca o bodón, tal y como puede reconocerse en los mapas topográficos a escala 1:50.000 del IGN en su primera edición; es el caso de: Chañe, Arroyo de Cuellar (Lagartera, Adobera y Palomar), Fuente el Olmo de Íscar, Campo de Cuellar (Herrera), Narros de Cuellar (Tío Alberto), Sanchonuño, Gomeserracín, Pinarejos…

En cuanto al origen de todas estas lagunas, su aparición se relaciona con lugares de surgencia o descarga de las aguas subterráneas procedentes de la formación acuífera infrayacente, en zonas llanas de los interfluvios donde no ha llegado el desarrollo de la red de drenaje principal. El acuífero superficial de los arenales (oficialmente unidad hidrogeológica 02.18) es un acuífero detrítico ‘libre’ (sin capas semi-impermeables sobre él) con la superficie freática somera, asociado a los mantos arenosos aluviales de removilización eólica (con espesores inferiores a 10 m). Los cambios estacionales en la superficie freática durante los años secos son del orden de 0,6 m/año. Su recarga se produce por la infiltración de la lluvia y la filtración de pequeños arroyos estacionales; y la descarga a las lagunas, corrientes fluviales y otras formaciones acuíferas infrayacentes (acuíferos detríticos semicautivos, con capas semi-impermeables intercaladas) por goteo lento; antiguamente era objeto de utilización mediante pozos poco profundos (norias), llegando a sobreexplotarlo, pero en la actualidad se utilizan sondeos en los acuíferos semicautivos infrayacentes, con menor fluctuación estacional. La presencia a escasos metros de profundidad de los niveles arcillosos o margosos del substrato mioceno bajo el manto arenoso, condiciona en ocasiones, tanto la impermeabilidad del lecho de las navas, como la naturaleza bicarbonatada cálcica del agua de las lagunas.

Las lagunas se sitúan característicamente en las zonas deprimidas o más bajas dentro del manto arenoso de la Tierra de Pinares, ocupando posiciones que corresponden a los antiguos espacios interdunares (entre dunas), o en las zonas donde se produjo la erosión eólica de las arenas (cubetas de deflación), haciendo aparecer en superficie el substrato arcillo-margoso. Estas áreas deprimidas reciben los toponimos de nava, hoyo u hoyada; de ahí que muchos de los nombres de las lagunas, bodones y lavajos sean derivados de esos topónimos: Navalayegua, Navahornos, Navaelsoto, Navacornales, Navalagrulla, la Nava, Navazo Román… Otras reciben el nombre por su forma, condicionada por la morfología alargada (balsa Larga), redondeada (bodón Redondo, Navarredonda y Anteojos), o cerrada por montículos (la Cerrada), de las zonas interdunares o cubetas de deflación donde se sitúan.

            Otras veces las lagunas se sitúan en las cubetas alargadas que forma la deflación del viento sobre las terrazas y vaguadas de los ríos y arroyos, como es el caso de las lagunas de Las Eras-Valderruedas y la Iglesia en Villagonzalo de Coca, y la laguna del Caballo Alba en Villeguillo. En ellas, la alteración de las rocas del lecho y el crecimiento de sales en las playas lacustres han tenido y tienen un papel importante en su profundización y agrandamiento.

En el lecho de las lagunas se van depositando alternantemente niveles de arenas, limos y turbas; las arenas y limos proceden de los arrastres de los arroyos y caces, y de la arroyada difusa desde los montículos arenosos circundantes (antiguas dunas); y la turba se origina por el enterramiento y transformación de los restos de la vegetación hidrófila de las márgenes, y ha sido objeto de explotación en algunas lagunas. Esta turba, escasamente compactada, hace que los suelos de las lagunas secas temblasen al ser pisados, por lo que los nombres de muchas se hacen eco de esta peculiaridad: la Temblosa, el Tiemblo, Tremedosa… La evolución natural de muchas de estas zonas es precisamente hacia la colmatación por relleno de sus fondos, y su reaparición en lugares próximos que quedan más bajos.

Extracto de: “Las raíces del paisaje: condicionantes geológicos del territorio de Segovia”, Díez-Herrero y Martín Duque (2005)