Plaza de Día Sanz

EL ‘GRANITO’ DEL ACUEDUCTO

A pesar de la ingente bibliografía que existe sobre el Acueducto romano de Segovia, su construcción y obras de reparación, apenas se ha abordado el estudio de la naturaleza y origen de los materiales pétreos con los que está construido.

Así, parece totalmente asumido por los estudiosos que la roca de los sillares es granito y que su procedencia son los afloramientos rocosos situados en las inmediaciones de la ciudad. Sin embargo, estas afirmaciones precisan ser matizadas y puntualizadas.
Sobre la naturaleza de la roca de construcción

Infinidad de libros, guías y folletos turísticos recogen de forma genérica que la roca que forma los sillares de la parte monumental del Acueducto es granito, o roca granítica. Sin embargo, un simple reconocimiento visual de la superficie de los sillares permite diferenciar una multitud de tipologías de rocas, tanto por su composición mineralógica, estructura, textura, coloración…

Para los estudios de la primera fase de la intervención de 1992-1999, se estudió en profundidad el material constructivo. Se extrajeron 21 muestras de los sillares, que se clasificaron como granito de grano grueso, atribuyéndose una escasa calidad constructiva al presentar una resistencia de compresión media del orden de 230 kg/cm2; también se analizaron las canteras y tolmeras de granito similar, donde la resistencia de la roca ascendía a 800 kg/cm2 (Rivera, 2002).

Alonso (1995) ya indica que “Se usaron varios tipos de granito…”, para posteriormente proponer “Tal vez un análisis detenido de los tipos de piedra, para cotejarlos con muestras de varias canteras, pueda ayudar a la identificación irrefutable de sus procedencias”.

En sentido petrológico, el granito es una roca ígnea plutónica (se formó por enfriamiento del magma en el interior de la Tierra) con una determinada composición mineralógica: entre 10 y 60% de cuarzo; entre 20 y 80% de feldespatos potásicos (ortosa y/o microclina); y entre 10 y 70% de feldespatos calco-sódicos o plagioclasas (albita-anortita). Toda roca plutónica que se salga de estos intervalos composicionales puede ser denominada roca granítica o granitoide (=“parecido o semejante al granito”), pero científicamente no es granito. Esta clasificación, internacionalmente aceptada, se representa mediante un triángulo en cuyos vértices están los tres grupos de minerales componentes: cuarzo (Q), feldespatos potásicos (A) y plagioclasas (P).

Muchas de las rocas de los sillares del Acueducto cumplen esos porcentajes, por lo que caerían en el campo de los granitos sensu stricto (también llamados monzogranitos o adamellitas), pero muchas otras tienen un contenido mayor de plagioclasas, con lo que serían granodioritas, tonalitas o dioritas; o menor de cuarzo, con lo que serían monzonitas o sienitas.

Algo semejante ocurre con las texturas (relación entre los tamaños de los granos o cristales que constituyen la roca), estructura (disposición geométrica de dichos elementos) y tamaño de grano y/o cristal, que presentan una notable variedad en los sillares. Predomina la textura porfídica, en la que un mineral, normalmente los feldespatos potásicos, presenta cristales de mayor tamaño que el resto, como tabletas rectangulares de color blanco.

Todos los granitos del Guadarrama se asocian a la orogenia hercínica, evento de formación de montañas acontecido en el Carbonífero (Paleozoico superior, entre 350 y 250 millones de años). Algunos se formaron simultáneamente a dicha orogenia (sincinemáticos), pero en su mayor parte son tardíos (tardihercínicos), con edades entre 320 y 245 millones de años.
Sobre el volumen de roca

Tampoco existe un acuerdo generalizado sobre el volumen de roca necesario para construir la parte monumental, aunque las cifras barajadas oscilan entre los 7500 y los 8500 m3.

Para Aurelio Ramírez Gallardo (Ramírez, 1975), el Acueducto monumental tiene unos 20.400 sillares, que con un volumen medio de 0,36 m3, totalizarían unos 7.500 m3 de roca. Este valor es recopilado por Alonso (1995).

La aplicación de las nuevas técnicas de análisis permitió estimar en 24.715 los sillares visibles, más unos mil sillares ocultos. Asumiendo un volumen medio de 0,326 m3 por sillar, totalizaría unos 8.394 m3; el peso ascendería a unas 22.250 toneladas, mamposterías al margen (Rivera, 2002).
Sobre la procedencia

En lo referente a las canteras de origen de la roca, Alonso (1995) afirma:

“No se conocen los lugares exactos de donde se ha extraído la piedra, abundante desde el Azoguejo hacia el Sur, en la sierra, en general. Se usaron varios tipos de granito, por lo que no deben buscarse en un solo lugar las grandes canteras necesarias para obtener los 7.500 m3, que sería aproximadamente el volumen de piedra usada en la construcción. Probablemente se trate de extracciones más o menos pequeñas, quizá numerosas, rellenas de tierra posteriormente, o incluso ocultas por las casas o los productos de desecho de la labra, situadas a distancias cortas y en los lugares más cómodos para ello. También se ha hablado de que pudieron haberse trabajado los numerosos bolos de granito meteorizado que tuvo que haber casi a pie de obra, y en una zona cercana, en la salida de la carretera de Soria. No es descartable, aunque no parezca la solución más adecuada, debido a la mayor dureza de esos materiales. El paisaje pudo ser similar al que encontramos hoy en las laderas de la falda Norte de la sierra, con esos canchales y bolos superficiales tan característicos, semiocultos por la vegetación”.

Existen diversos afloramientos en el entorno de la ciudad de Segovia (en un radio de unos 20 km) a partir de los cuales se podrían haber extraído los granitoides del Acueducto y que, en orden de proximidad al monumento, son (ITGE, 1991): Segovia meridional (Santa Eulalia-San Justo), Segovia septentrional (San Lorenzo), arroyo Tejadilla, arroyos Ciguiñuela-Juncal (La Lastrilla), Bernuy de Porreros, El Berrocal-San Medel (Valseca de Boones), Torrecaballeros, La Granja de San Ildefonso, La Losa, Ortigosa del Monte-Otero de Herreros, y Peña del Hombre.

Como puede verse, cada uno de los afloramientos tiene algún aspecto petrológico semejante al de las rocas del Acueducto, por lo que no hay que descartar que haya sillares procedentes de varios de ellos, y más considerando las sucesivas restauraciones y reconstrucciones que ha sufrido a lo largo de la Historia.

Por proximidad geográfica, el afloramiento de Segovia septentrional parece ser el idóneo, aunque por las características petrológicas semejantes parecen estar más ajustados los afloramientos de La Granja de San Ildefonso y Ortigosa del Monte-Otero de Herreros.
Sobre el proceso de extracción

En cuanto a la extracción del material, se han planteado dos posibles alternativas:

a)     Extracción en canteras aprovechando relieves graníticos (domos y lanchares) o mediante profundización en zonas llanas; así lo indicarían las huellas de cuñas de madera en las aristas de los sillares, algunas desaparecidas durante la labra de acabado o por erosión posterior.

b)     Canterado selectivo de los bolos y tors graníticos; las cuñas podrían haberse utilizado en las diaclasas y juntas de los bolos graníticos para desgajarlos. En esta hipótesis, ya planteada por Ramírez (1975), se alinean Domínguez y Pampillón (2000).

Existen restos históricos de canteras de granito en diversas partes, destacando las ubicadas en las márgenes del arroyo Ciguiñuela (La Lastrilla) y en el berrocal de Ortigosa del Monte.
Sobre la meteorización de las rocas en el monumento

Ejemplos de meteorización esferoidal y desagregación granular pueden verse en casi cualquier exposición de roca, y de manera muy clara en monumentos antiguos. El proceso es similar al descrito para la formación de bolos y bloques (ver apartado 7.1), si bien existe una diferencia fundamental: la mayor parte de los bolos y bloques graníticos que hoy vemos en la superficie terrestre se formaron inicialmente bajo la superficie terrestre, donde fueron meteorizados. Después, el material arenoso resultado de la meteorización fue evacuado o retirado por erosión (fundamentalmente de las aguas corrientes). En cambio, la meteorización esferoidal de monumentos, de la cual el acueducto de Segovia proporciona un ejemplo inigualable, se produce en condiciones atmosféricas.

Los valles del Eresma y Clamores son de tipo cañon u hoz, con laderas escarpadas, fondo plano y trazado ligeramente sinuoso. El cronista de la ciudad, Mariano Grau, en sus paseos hacia los ventorros, describió así la hoz del Eresma “…la hoz que las aguas del Eresma cavaran en la roca cretácea…en un panorama de suaves colinas a un lado y abruptos taludes por otro…entre doble fila de chopos reverentes”.

En el fondo de ambos valles existen fértiles vegas, sobre aluviones de los ríos. En esas vegas se establecieron huertas, un gran número de monasterios como el de El Parral, molinos y el singular ingenio hidráulico de la Casa de la Moneda. Tras su magnífica adecuación, hoy son espacios predilectos para el paseo.

Los valles del Eresma y Clamores son de tipo cañon u hoz, con laderas escarpadas, fondo plano y trazado ligeramente sinuoso. El cronista de la ciudad, Mariano Grau, en sus paseos hacia los ventorros, describió así la hoz del Eresma “…la hoz que las aguas del Eresma cavaran en la roca cretácea…en un panorama de suaves colinas a un lado y abruptos taludes por otro…entre doble fila de chopos reverentes”.

En el fondo de ambos valles existen fértiles vegas, sobre aluviones de los ríos. En esas vegas se establecieron huertas, un gran número de monasterios como el de El Parral, molinos y el singular ingenio hidráulico de la Casa de la Moneda. Tras su magnífica adecuación, hoy son espacios predilectos para el paseo.

Cuando se construyó el acueducto, los bloques que lo componen debieron tener bordes planos bien definidos (formas cúbicas y paralelepipédicas), encajando unos con otros con precisión. En la actualidad, la práctica totalidad de los bordes y esquinas de estos bloques tienen un aspecto redondeado, otorgando a los bloques una apariencia a mitad de camino entre su configuración inicial y formas elipsoidales o esféricas. Altamente ilustrativo resulta el hecho de que los bloques de aquellas zonas del acueducto que han sido reconstruidas (El Salvador) presenten un menor grado de redondez, de donde se interpreta la importancia que tiene el tiempo como factor en la meteorización.


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