Sí, por increíble que parezca, Chañe y una parte del Carracillo segoviano se pueden estar hundiendo. Pero no se asusten (por ahora), porque no sería un colapso brusco, sino un lento hundimiento de la superficie del terreno, a una velocidad de milímetros o centímetros al año, y que l@s geólog@s llamamos subsidencia.

La subsidencia es un proceso natural, propio de las cuencas sedimentarias, donde la compactación de los sedimentos (gravas, arenas, limos, arcillas, calizas…) que se van acumulando a lo largo de miles o millones de años, debida al peso de los sedimentos que se van depositando encima, va produciendo un lento hundimiento, que se suele ‘compensar’ en superficie con la llegada de más depósito. De manera que, salvo en determinadas zonas, el balance es neutro, ni se hunde ni se eleva la superficie del terreno.

El problema viene cuando ese hundimiento lento es acelerado o se desencadena por motivos relacionados con las actividades humanas (subsidencia artificial), por ejemplo por la extracción de agua subterránea a través de pozos y sondeos a mayor ritmo del que se infiltra y recarga los acuíferos (sobreexplotación), por actividades subterráneas de perforación (minería, túneles) o extracción de otros fluídos (petróleo, gas), o por obras públicas que movilizan importantes cantidades de terraplenes y escombreras de materiales sueltos.

Fuente: David Nájar Gimeno (2016) Subsidencias y colapsos (https://www.slideshare.net/DavidNjar/subsidencias-y-colapsos)

Un equipo internacional de investigador@s, entre los que se encuentran científic@s español@s del Instituto Geológico y Minero de España y la Universidad de Alicante, lleva décadas estudiando la subsidencia natural y acelerada artificialmente en todo el mundo.

Fuente: página web del InSAR Lab IGME.

Para ello emplean desde técnicas de observación de la Tierra de forma remota (como las imágenes obtenidas por satélites artificiales y su tratamiento informático para medición de cambios en la superficie terrestre; laboratorio InSAR), a instrumental y mediciones periódicas de precisión hechas en la superficie con GPS diferencial y estaciones topográficas, pasando por el tratamiento cartográfico de las variables y factores que lo condicionan (geología, pendiente, usos del suelo, población, etc.).

Fuente: página web del InSAR Lab IGME.

Su último logro, haber obtenido y publicar un mapa y artículo sobre el tema en una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo: Science, publicada por la AAAG. Este artículo, titulado «Mapping the global threat of land subsidence» , de tan sólo dos páginas (muy extenso para lo habitual en esta revista; aunque con abundante material suplementario), que ha sido liderado por el equipo español del IGME y la UA (Gerardo Herrera-García, Pablo Ezquerro, Roberto Tomás, Marta Béjar-Pizarro, Juan López-Vinielles, Mauro Rossi, Rosa M. Mateos…).

El artículo resume años de trabajo de muchas personas para obtener un mapa global de todos los continentes, en el que se pueden observar de manera muy gráfica (código de semáforo: verdes, amarillo, naranja y rojo) la susceptibilidad a la subsidencia del territorio, esto es, en qué zonas es más o menos posible que se produzca subsidencia y en cuáles no, con una resolución espacial de píxeles de 1×1 km. Este mapa puede consultarse abiertamente en un visor cartográfico de la web del IGME.

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En el mapamundi se puede apreciar cómo las zonas con mayor susceptibilidad a la subsidencia con mayor extensión, que aparecen en colores rojos y naranjas, se sitúan en el sureste asiático.

En la península Ibérica llama la atención la enorme subsidencia potencial que se podría estar produciendo en la cuenca baja del Guadalquivir (entorno de Doñana), la cuenca extremeña del Guadiana, la Vega de Granada y localidades costeras mediterráneas.

En la provincia de Segovia, como zonas más susceptibles a la subsidencia, destacan en tonos de color anaranjado algunas zonas de la Tierra de Pinares y las campiñas del centro de la provincia (amarillo). Por el contrario, la Sierra y su piedemonte, así como los macizos de Sepúlveda y La Serrezuela no tienen problema alguno de subsidencia, al estar formado el substrato por rocas muy rígidas, como gneises, granitoides y rocas carbonáticas (calizas y dolomías).

Dentro del Carracillo, la ‘mancha’ naranja de mayores dimensiones se ubica al oeste de la localidad de Chañe, donde la posible subsidencia se asociaría a la explotación de aguas subterráneas del acuífero superficial de los arenales de la Tierra de Pinares y del acuífero profundo mioceno, para abastecer a los regadíos intensivos que han convertido a esta comarca en uno de los principales productores hortícolas de España.

En principio, la subsidencia acelerada artificialmente no supone un problema acuciante y grave en campos agrícolas, más allá de daños puntuales en sistemas de regadío, postes eléctricos y tendidos de comunicaciones que pueden quedarse colgados o deformados. Pero cuando afecta a zonas urbanas (pueblos, viviendas aisladas) puede producir la apertura de grietas y deformación de las edificaciones y calles, así como problemas de mantenimiento en las redes de abastecimiento y alcantarillado. Además, como describen los autores del trabajo, en determinadas zonas costeras y en el entorno de lagos y ríos, la subsidencia puede producir un aumento de inundabilidad, haciendo que se vean anegadas por las aguas con más frecuencia e intensidad (profundidades de agua).

Fuente: Plataforma en defensa de las fuentes (2018) on Twitter: https://twitter.com/defensa_fuentes/status/1070286714827169792

En definitiva, aunque no hay que alarmarse por la situación de Chañe y el Carracillo, convendría establecer un sistema de vigilancia de la posible subsidencia, su evolución en el tiempo y su potencial incidencia en los campos agrícolas y los municipios de la comarca. En otras comarcas con cultivos intensivos de regadío, como Lorca (Murcia) o California (EE.UU.), llevan años vigilándolo y así estar precavidos de posibles consecuencias negativas futuras. Ya sabéis lo que dice el refranero castellano: «Cuando las tierras de tu vecino veas subsidir, echa las tuyas a observar«.

Fuente: página web del InSAR Lab IGME.