En los últimos meses el Patronato del Alcázar de Segovia ha acometido una ambiciosa reforma de la plaza situada justo al este de la fortaleza, conocida popularmente como ‘plazuela del Alcázar’, y formalmente denominada plaza de la Reina Victoria Eugenia. Estos trabajos han conllevado prospecciones arqueológicas y una mejora en la urbanización y acabados de la plaza.

Entre los aspectos reformados está el pavimentado de amplias superficies de la plazuela, empleando en algunos casos losetas y planchas de rocas naturales ornamentales, fundamentalmente distintos tipos de granitoides (rocas de la ‘familia’ de los granitos, o semejantes al granito común).

La amplia superficie cubierta de rocas graníticas, la selección de unos materiales variados y geológicamente interesantes, y un buen gusto y criterio en su instalación y diseño, hacen de esta plaza un auténtico muestrario de rocas graníticas al aire libre, de acceso gratuito y transitado anualmente por centenares de miles de visitantes y segovianos. Dado que estos granitos, como rocas ígneas plutónicas que son, se formaron en las profundidades del interior de la Tierra por cristalización del magma incandescente, podríamos afirmar que hacen del entorno del Alcázar una auténtica antesala del infierno; y se suman a los múltiples recursos geoturísticos que ya tenía de por sí el propio Alcázar.

Comenzando de lo general a lo particular, lo primero que llama la atención es que la calzada elíptica que circunda la plaza ha pasado de estar formada por aglomerado asfáltico, a estar cubierta de dos tipos de losas de granito, una de tonos grisáceos (granito de tipo monzogranítico a granodiorítico) y otra de tonos asalmonados (granito de la variedad comercial Rosa Porriño, en alusión a su coloración y de la localidad pontevedresa de la que proceden).

También en la parte delantera de la Casa de la Química se han colocado dos tipos de granitoides: uno grisáceo monzogranítico o granito común; y otro de color ligeramente amarillento (rubio), un granito o leucogranito con micas moscovita y biotita, que debe su coloración beige a la oxidación del hierro de los minerales ferromagnesianos, fundamentalmente la mica biotita, que contiene hierro que oxidar.

Finalmente, en la superficie que da paso al puente sobre el foso también se han colocado baldosas de granitoides que en ocasiones dibujan bandas concéntricas de losetas en las que alternan granitos grisáceos con granodioritas gris oscuro a negro.

Como es bien sabido, estos granitoides están constituidos fundamentalmente por tres conjuntos de minerales: cuarzo (en sus variedades lechoso, cristal de roca o hialino, y ahumado), feldespatos (tanto potásicos-ortosa y microclina- como calcosódicos -plagioclasas de tipo albita o anortita-) y micas (fundamentalmente biotita o mica negra y moscovita o mica plateada).

Por todos es sabido que el diferente porcentaje de contenido de cuarzo y los dos grandes tipos de feldespatos, es la base de la clasificación de los diferentes tipos de granitoides (granito, granodiorita, diorita, sienita, leucogranito…), mediante una representación rómbica que recibe el nombre de diagrama QAPF (Cuarzo-Feldespatos alcalinos-Plagioclasas-Feldespatoides, por sus siglas en inglés), cuya versión simplificada sin feldespatoides queda como un triángulo (QAP).

Diagrama triangular QAP simplificado de clasificación de granitoides, con ejemplos de fotos de detalles de algunos de estos tipos en afloramientos de la Sierra de Guadarrama. Fuente: Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama (Sacristán et al., 2016).
Nota: los granitoides del vértice superior del triángulo en realidad son prácticamente cuarzo (>90%), por lo que no se suelen clasificar como tales; el ejemplar de La Cabrera de la fotografía sería más correcto clasificarlo como un granito rico en cuarzo o un leucogranito.

Mirando en detalle estas losas se aprecia que dentro de los granitoides existen diferentes texturas ígneas, esto es, relaciones entre los tamaños de los cristales de los minerales constituyentes. Los cristales de estos minerales que constituyen los granitoides, cuando se ven a simple vista (textura fanerítica), pueden ser de pequeño tamaño o grano fino (0,5 a 1 mm de diámetro o eje mayor), que darán lugar a texturas aplíticas (conocidas como aplitas); de tamaño de grano medio (1 a 5 mm) o grueso (5-30 mm); o de gran tamaño, de grano muy grueso (más de 3 centímetros), dando lugar a los granitoides de texturas pegmatíticas (denominación simplificada como pegmatitas). Hay algunos granitoides equigranulares, esto es, con todos los cristales de los diferentes minerales que se ven a simple vista (cuarzo, feldespatos y micas) del mismo tamaño; mientras otros son heterogranulares o inequigranulares, esto es, con unos cristales de minerales más grandes que otros, entre los cuales destacan las texturas porfídicas, en los que un mineral tiene cristales de mayor tamaño (normalmente de feldespatos) frente a los otros minerales (normalmente cuarzos y micas).

Vista de detalle de una loseta del granito variedad Rosa Porriño, con textura porfídica en la que los cristales de feldespato (asalmonados) son más grandes que los de cuarzo (gris claro) y mica biotita (negro).
Detalle de una vena granítica con textura pegmatítica (grandes cristales de feldespato asalmonado, cuarzo grisáceo, mica y turmalina negra) dentro de otro granito gris de textura ligeramente porfídica.

Algunas losas de granito tienen estructuras ígneas, esto es, ordenaciones geométricas de los cristales, trazando bandas y alineaciones de determinados minerales. Estas estructuras pueden se de diferentes tipos y tener distintos orígenes. Las más frecuentes en el enlosado de la plazuela del alcázar son los bandeados de minerales oscuros (micas biotitas) que en la terminología técnica anglosajona se denominan schlieren. Aunque también hay otras estructuras circulares y elípticas que se denominan enclaves, y que pueden ser fragmentos de otras rocas extrañas que el magma absorbió en su ascenso (xenolitos) o bien segregados de magma con diferente composición. También se observan estructuras de forma tabular o husiforme, que son diques o venas; y bolsadas de pegmatitas que rellenan antiguas cavidades de morfología esferoidal, elipsoidal o arriñonada, como geodas rellenas de cristales, y que reciben también el nombre de cavidades miarolíticas. Por último, también hay bandeados de difusión de óxidos de hidróxidos de hierro en ocasiones concéntricas, por alteración de minerales ferromagnesianos, en ocasiones llamados círculos de Liesegang. Aunque los bandeados de las losas del granitoide rubio de la parte frontal de la Casa de la Química no podrían clasificarse estrictamente como círculos de Liesegang (más frecuentes en cuarcitas, areniscas y otras rocas homogéneas) sino como simples halos de exudación de óxidos de hierro.

Schlieren de mica biotita concéntricos en una loseta de la superficie de acceso al puente sobre el foso del Alcázar.
Enclave de concentración de ferromagnesianos (mica biotita y anfíboles) dentro del granito de variedad Rosa Porriño en una loseta de la plazuela del Alcázar. Precisamente las micas biotitas, al transformarse por alteración a cloritas (cloritización) pierde hierro que ‘tiñe’ de color asalmonado los feldespatos.
Relleno pegmatítico de una bolsada o vena en los granitoides rubios, que contiene turmalina negra (variedad chorlo).
Bandeados y halos de exudación de óxidos e hidróxidos de hierro en las losetas del frontal de la Casa de la Química.

Todas estas estructuras nos permiten tener información sobre la formación y enfriamiento de los macizos graníticos de los que proceden y su historia evolutiva. Sin embargo, el origen y significado de muchas de estas estructuras es aún hoy en día motivo de controversia entre los petrólogos que las estudian. Por ejemplo, las texturas y estructuras ígneas presentes en el nuevo enlosado de la plazuela del Alcázar se explicarían así por lo que representan en la evolución de los magmas que las originaron:

  • Las aplitas son el resultado de la cristalización de los fundidos más evolucionados de un magma (más ricos en Si, Na, K, P, Al) y su textura es de grano fino porque suelen cristalizar rápido.
  • Las pegmatitas son una mezcla (cristalizada) de fluido, vapor y fundido, extraído del magma. Su composición es rica en agua (H2O) y otros volátiles como B y F. También contienen otros elementos entre los que destacan P, Be, Cs, Nb, Ta, Li, Ce, U, Th y tierras raras (REE). En ellas, el agua (el componente más importante), el boro y el fluor ‘retardan’ o impiden parcialmente el desarrollo de cristales. Esto explica por qué las pegmatitas pueden cristalizar a bajas temperaturas, de hasta 450-550ºC (por debajo de 600-650ºC, temperaturas de cristalización de los granitos). Cuando empiezan a cristalizar, aunque se enfrían rápido, al ser las pegmatitas en parte fluido y vapor, la difusión de los elementos químicos es muy rápida y esto permite a los cristales crecer mucho en poco tiempo. Este crecimiento suele ser desde los márgenes hacia el interior de diques o cavidades miarolíticas.
  • Los schilierens alrededor de los diques, venas y cavidades miarolíticas, se piensa que pueden haberse formado por migración del vapor de agua tras la formación de las pegmatitas, que combinado con el hierro y magnesio del magma formaría las concentraciones de micas biotitas en zonas bandeadas. Clásicamente se atribuía estos bandeados a concentrados de cristalización, pero otros autores los atribuyen al flujo magmático y el movimiento de los cristales en un magma aún fluido (segregados por flujo del magma).
Schlierens concéntricos de concentraciones de mica biotita (negra) en torno a una bolsada pegmatítica.

En definitiva, este nuevo recurso didáctico, divulgativo y geoturístico, se suma a los ya existentes en el Alcázar y su entorno, y suponen un atractivo más para los turistas y público local que, además de admirar las torres del Alcázar, ahora también tendrán un motivo para mirar al suelo de la plazuela.

Agradecimientos: al Dr. Luis González Menéndez, petrólogo especialista en rocas ígneas y metamórficas de la oficina en León del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), por sus indicaciones en la clasificación e interpretación de las estructuras y texturas, y por las recomendaciones bibliográficas. A los doctores Rafael Lozano y Ramón Jiménez, mineralogistas y petrólogos del Museo Geominero (IGME), por sus comentarios para mejorar la entrada. Y al geólogo y mineralogista Félix Marcos por sus matizaciones y siempre acertadas sugerencias.

Para leer más sobre el tema y profundizar:

Barbey, P. (2009). Layering and schlieren in granitoids: A record of interactions between magma emplacement, crystallization and deformation in growing plutons. The André Dumont medallist lecture. Geologica Belgica, 12/3-4, 109-133.

Clemens, J.D. (2008). Granite: A Planetary Response to Liquid Water. Inaugural lecture delivered on 7 October 2008. Department of Geology, Geography and Environmental Studies, Faculty of Science. Editor: Stellenbosch University Language Centre, 12 pp. ISBN: 978-0-7972-1255-8.

Clemens, J.D., Stevens, G., le Roux, S., Wallis, G.L. (2020). Mafic schlieren, crystal accumulation and differentiation in granitic magmas: an integrated case study. Contributions to Mineralogy and Petrology, 175, 51. https://doi.org/10.1007/s00410-020-01689-x

Sacristán Arroyo, N., Díez Herrero, A. y Carrera Anaya, A. (2016). Guía de Piedras de la Sierra de Guadarrama. Ediciones La Librería, Madrid, 128 pp. ISBN: 978-84-9873323-5; D.L.: M -12463-2016.