Infinidad de libros, guías y folletos turísticos recogen de forma genérica que la roca que forma los sillares de la parte monumental del Acueducto es granito, o roca granítica. Sin embargo, un simple reconocimiento visual de la superficie de los sillares permite diferenciar una multitud de tipologías de rocas, tanto por su composición mineralógica, estructura, textura, coloración…
Para los estudios de la primera fase de la intervención de 1992-1999, se estudió en profundidad el material constructivo. Se extrajeron 21 muestras de los sillares, que se clasificaron como granito de grano grueso, atribuyéndose una escasa calidad constructiva al presentar una resistencia de compresión media del orden de 230 kg/cm2; también se analizaron las canteras y tolmeras de granito similar, donde la resistencia de la roca ascendía a 800 kg/cm2.

En sentido petrológico, el granito es una roca ígnea plutónica (se formó por enfriamiento del magma en el interior de la Tierra) con una determinada composición mineralógica: entre 10 y 60% de cuarzo; entre 20 y 80% de feldespatos potásicos (ortosa y/o microclina); y entre 10 y 70% de feldespatos calco-sódicos o plagioclasas (albita-anortita). Toda roca plutónica que se salga de estos intervalos composicionales puede ser denominada roca granítica o granitoide (=“parecido o semejante al granito”), pero científicamente no es granito. Esta clasificación, internacionalmente aceptada, se representa mediante un triángulo en cuyos vértices están los tres grupos de minerales componentes: cuarzo (Q), feldespatos potásicos (A) y plagioclasas (P).

 

Muchas de las rocas de los sillares del Acueducto cumplen esos porcentajes, por lo que caerían en el campo de los granitos sensu stricto (también llamados monzogranitos o adamellitas), pero muchas otras tienen un contenido mayor de plagioclasas, con lo que serían granodioritas, tonalitas o dioritas; o menor de cuarzo, con lo que serían monzonitas o sienitas.

Algo semejante ocurre con las texturas (relación entre los tamaños de los granos o cristales que constituyen la roca), estructura (disposición geométrica de dichos elementos) y tamaño de grano y/o cristal, que presentan una notable variedad en los sillares. Predomina la textura porfídica, en la que un mineral, normalmente los feldespatos potásicos, presenta cristales de mayor tamaño que el resto, como tabletas rectangulares de color blanco.

Todos los granitos del Guadarrama se asocian a la orogenia hercínica o varisca, evento de formación de montañas acontecido en el Carbonífero (Paleozoico superior, entre 350 y 250 millones de años). Algunos se formaron simultáneamente a dicha orogenia (sincinemáticos), pero en su mayor parte son tardíos (tardihercínicos), con edades entre 320 y 245 millones de años.

Existen diversos afloramientos en el entorno de la ciudad de Segovia (en un radio de unos 20 km) a partir de los cuales se podrían haber extraído los granitoides del Acueducto y que, en orden de proximidad al monumento, son: Segovia meridional (Santa Eulalia-San Justo), Segovia septentrional (San Lorenzo), arroyo Tejadilla, arroyos Ciguiñuela-Juncal (La Lastrilla), Bernuy de Porreros, El Berrocal-San Medel (Valseca de Boones), Torrecaballeros, La Granja de San Ildefonso, La Losa, Ortigosa del Monte-Otero de Herreros, y Peña del Hombre.

Por proximidad geográfica, el afloramiento de Segovia septentrional parece ser el idóneo, aunque por las características petrológicas semejantes parecen estar más ajustados los afloramientos de La Granja de San Ildefonso y Ortigosa del Monte-Otero de Herreros.

Texto extraído, con permiso de los autores, de “Las raíces del paisaje”.
DÍEZ, A. Y MARTÍN-DUQUE, J.F. (2006). Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia. En: ABELLA MARDONES, J.A. et al.  (Coords.), Colección Hombre y Naturaleza, VII. Ed. Junta de Castilla y León, 464 págs. ISBN 84-9718-326-6; D.L.: S. 1.752-2005.