Coincidiendo con el 500º aniversario de la batalla de Villalar (23 de abril de 1521), hecho decisivo en el final del conflicto de las Comunidades de Castilla, hemos considerado oportuno contextualizar este importante acontecimiento histórico desde el punto de vista geológico y geomorfológico, puesto que los aspectos del medio físico abiótico (geología, geomorfología, climatología, meteorología, hidrología superficial y subterránea) pudieron condicionar el desencadenamiento y desarrollo del conflicto en su conjunto, y de hechos concretos (la quema de Medina del Campo, los asedios y cercos a las ciudades y villas castellanas y la propia batalla de Villalar).

El ámbito geográfico de las Comunidades[1] abarcó buena parte del centro de la península Ibérica, extendiéndose en ambas mesetas en torno a los dos núcleos principales que constituían Toledo y Valladolid, pero con importantes ramificaciones en Segovia, Palencia, Madrid, Ávila, Medina del Campo, Aranda de Duero, Zamora, Toro y Salamanca; con menor poder de atracción y repercusiones en Cuenca, Guadalajara, Soria y León; y sólo accidentalmente en Murcia, el País Vasco e incluso Sevilla. Ello implica una enorme extensión y diversidad del medio físico abiótico en el que se desarrollan las Comunidades, que abarca desde los piedemontes montañosos del Sistema Central a las vegas fluviales del Duero y Tajo; desde las estribaciones de la Cordillera Cantábrica o el Sistema Ibérico, a los páramos, cuestas y llanos de la cuenca del Duero. De ahí que, antes de entrar en detalles de condicionantes naturales del conflicto, sea preciso contextualizar este ámbito geográfico desde el punto de vista geológico, geomorfológico, e hidrológico.

El contexto geológico y geomorfológico de las Comunidades de Castilla

Debido a la mencionada extensión y diversidad del ámbito geográfico en el que se desarrollaron las Comunidades, los núcleos de población y parajes principales se ubican en rocas y estructuras de las tres grandes unidades geológicas de la península Ibérica:

  • Macizo Ibérico o Hespérico (‘España silícea’), con las rocas más antiguas de la península (edades del Proterozoico al Paleozoico), entre las que destacan los gneises y migmatitas (Toledo y parte de Segovia) y granitoides (Ávila y parte de Segovia).
  • Cuencas y cordilleras alpinas (‘España calcárea’), antiguas cuencas sedimentarias mesozoicas posteriormente transformadas en sistemas montañosos en la orogenia Alpina, con areniscas, conglomerados, calizas, margas, arcillas, dolomías, yesos y otras rocas sedimentarias, sobre las que se ubican localidades como Segovia (recinto amurallado), Cuenca y Soria.
  • Cuencas sedimentarias cenozoicas (antes llamadas ‘terciarias’; ‘España arcillosa’) formadas por la sedimentación marina y continental en los últimos 65 millones de años, con rocas como conglomerados, areniscas, limos, arcillas, margas, yesos y calizas; sobre las que se ubican localidades como: Valladolid, Aranda de Duero, Medina del Campo, Palencia, Tordesillas, Salamanca, Toro, Zamora, Torrelobatón o Villalar.
Distribución de las principales localizaciones del conflicto de las Comunidades de Castilla (puntos rojos) sobre el mapa de las grandes unidades geológicas de la península Ibérica y Baleares (Díez-Herrero et al., 2021; en prensa).

Del mismo modo, las configuraciones geomorfológicas (formas del relieve) de las localizaciones singulares de las Comunidades son muy variadas, pudiendo clasificarse en tres grandes grupos:

  • Replanos y cerros del piedemonte cristalino o sedimentario, aislados por los meandros encajados de un río (Toledo, Soria) o la confluencia de dos o más ríos (Segovia).
  • Sistemas de terrazas cuaternarias, a orillas de los principales ríos (Duero y Tajo) y sus afluentes, en cuyos replanos y vegas se ubican: Valladolid, Aranda de Duero, Palencia o Villalar.
  • Cerros testigo (tesos) y bordes de los páramos elevados respecto a los cauces fluviales (Tordesillas, Salamanca, Toro, Zamora), sobre los llanos (Torrelobatón) o aislados en la confluencia de dos ríos o arroyos (Medina del Campo).

El contexto hidrológico superficial y subterráneo de las Comunidades de Castilla

El contexto hidrológico superficial de las Comunidades viene marcado por una distribución de las localidades implicadas en el conflicto fundamentalmente entre las dos cuencas hidrográficas de los ríos Duero y Tajo, de alimentación pluvial a pluvio-nival, con fuertes fluctuaciones estacionales del caudal e interanuales de las aportaciones, entre ciclos de años húmedos y secos. Irregularidad y fluctuaciones agudizadas por el periodo climático característico del primer cuarto del siglo XVI, que conllevaron alternancias de estiajes en los ríos y arroyos, con fuertes avenidas y crecidas que causaron inundaciones frecuentes y de elevada magnitud. Las crecidas de carácter catastrófico en la cuenca del Duero durante el siglo XVI y principios del XVII ocurren mayoritariamente en enero y las extraordinarias a inicios de la primavera (marzo)[2]. Esta fluctuación interanual también se produjo en las lagunas, charcas y lavajos, que alternaban periodos de altos niveles y lámina permanente, con periodos de sequía sin agua.

Como prueba de estas fluctuaciones hidrológicas de finales del siglo XV y el siglo XVI, cabe citar los fenómenos extremos de: las inundaciones del río Eresma en Segovia[3] de los años 1477, 1502, 1504, 1511, 1513-1514, 1521, 1540/1543, 1556…; las inundaciones del Duero en Zamora de 1592; las inundaciones frecuentes en el periodo 1527-1606 en la cuenca del Tajo en Toledo y Talavera de la Reina[4]; las inundaciones de Medina del Campo por el Zapardiel en 1543 y 1591…

Fragmento del capítulo del libro de Colmenares en el que se narra la avenida torrencial de 1540, que afectó gravemente a la ciudad de Segovia.

Desde el punto de vista de la hidrología subterránea, las localidades de las Comunidades se sitúan sobre o próximas a diferentes sistemas acuíferos, que van desde acuíferos kársticos (Segovia, Cuenca), acuíferos fisurados o fisurales (Ávila) a los acuíferos detríticos, superficiales y profundos, en las arenas y conglomerados cenozoicos de las cuencas sedimentarias y los sistemas de terrazas cuaternarios. En todos ellos, las variaciones interanuales de la recarga y las fluctuaciones estacionales de las precipitaciones producen y produjeron variaciones de rango métrico a decamétrico en la superficie freática y por lo tanto del nivel de los pozos, norias, minas y galerías que los aprovechaban y explotaban.


Y en Segovia, mientras tanto…

Varias de las ciudades y villas castellanas y leonesas alzadas en comunidad fueron objeto de cercos, sitios e incluso asedios por las tropas realistas o imperiales; y a la inversa, en algunas de esas localidades comuneras permanecieron determinados establecimientos o edificios fieles a la causa realista, sufriendo el cerco comunero durante algunos periodos de los años 1520 y 1521.

Tanto en el cerco y asedio de las ciudades comuneras como en la defensa de los bastiones realistas resultaron clave diversos aspectos del medio físico abiótico, que o bien posibilitaron su mantenimiento o permanencia en el tiempo, o bien impidieron que se consumara la toma de la posición enemiga. Es el caso del cerco del Alcázar de Segovia por parte de las tropas comuneras y la defensa de la antigua Catedral románica de Segovia por las tropas realistas[5]. En ambos, sobre todo el cerco del Alcázar, resultó fundamental la posición geomorfológica de este castillo-palacio, cuya ubicación en lo alto de un resto de plataforma o cuesta calcárea en el interfluvio de la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, influyó en: a) la permanencia de la posición en manos de las tropas realistas durante todo el alzamiento (julio de 1520-abril de 1521), ya que resultaba imposible de atacar con éxito a través de los flancos de los escarpes; b) las dificultades de abastecimiento de agua durante el cerco, puesto que al estar situado sobre un acuífero kárstico, pero con el nivel freático profundo (>30 m), precisaban tomar el agua del trazado del antiguo Acueducto romano o de los ríos circundantes, ambos bajo control de las tropas comuneras; c) la utilización de los elementos del relieve como parapeto en las escaramuzas y salidas para abastecerse de víveres, como ocurrió con el denominado Tormohito, un relieve residual en la orilla interna de un meandro del cañón del arroyo Clamores.

El meandro occidental del cañón del arroyo Clamores a su paso por Segovia, cuya orilla interna forma un relieve turricular denominado históricamente ‘Tormohito’ y conocido popularmente como ‘El Submarino’ por su forma acastillada elongada. Arriba: vista aérea oblicua en Google Earth; abajo: vista en campo desde el sur.

También fue clave el medio físico abiótico en las pequeñas batallas e intentos de asedio de las ciudades y villas citadas, que en ocasiones coincidieron con crecidas fluviales invernales y primaverales (río Duero en Tordesillas, Toro y Zamora), que impidieron las maniobras y estrategias planteadas por los asediantes; o con el cambiante tiempo meteorológico asociado a ese primer cuarto del siglo XVI, que decantó la balanza hacia uno u otro bando.


NOTA: Esta entrada es un extracto de los aspectos introductorios del artículo titulado «CONDICIONANTES NATURALES ABIÓTICOS EN EL CONFLICTO DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA» de Andrés Díez Herrero, Miguel Ángel Rodríguez Pascua, Ángel Salazar Rincón, María de los Ángeles Perucha Atienza, y Jorge Morín de Pablos, que será presentado como comunicación oral, el 19 de mayo de 2021, en el Congreso Internacional ‘El Tiempo de la libertad. Comuneros V Centenario’, y publicado en su volumen de actas. Y cuya aceptación ha tenido una notable repercusión mediática a escala nacional y autonómica, e incluso internacional.


PARA SABER MÁS…. (referencias citadas)

[1] Joseph Pérez, Los Comuneros, Madrid, La Esfera de los Libros, 2001, pp. 158-159.

[2] María José Machado, Olegario Castillo, Mariano Barriendos, Mikel Calle, Noam Greenbaum, Alicia Medialdea, Yolanda Sánchez-Moya y Gerardo Benito, “Evaluación de la peligrosidad de las crecidas extraordinarias del río Duero en Zamora: hidrología histórica, hidráulica y patrimonio histórico”, en Celso García, Lluís Gómez‐Pujol, Enrique Morán-Tejeda y Ramon J. Batalla (eds). 2018. Geomorfología del Antropoceno. Efectos del cambio global sobre los procesos geomorfológicos, 355-358, UIB, SEG, Palma, 2018.

[3] Andrés Díez Herrero, “Primera aproximación al registro de avenidas e inundaciones históricas en la provincia de Segovia”, en María Inmaculada López Ortiz y Joaquín Melgarejo Moreno (eds.), Riesgo de inundación en España: análisis y soluciones para la generación de territorios resilientes, 1211-1220, Editorial Universitat d’Alacant, Alacant, 2020.

[4] Gerardo Benito, Andrés Díez-Herrero, María Fernández de Villalta, “Magnitude and Frequency of Flooding in the Tagus Basin (Central Spain) over the Last Millenium”, Climatic Change, 58 (1-2), 171-192, 2003.

[5] M. Guadalupe de Marcelo Rodao, El cerco del Alcázar de Segovia 1520-1521. Nuño de Portillo y la defensa de la catedral, Ediciones Derviche, Segovia, 144 pp., 2019.