Sí, sí, han leído bien: vamos a hablar de cómo las nevadas pueden realzar la geología e incluso cómo pueden mejorar su observación y caracterización. Parece una contradicción que una nevada, que suele cubrir los afloramientos rocosos y homogeneizar formas y colores, pueda servir de ayuda a l@s geólog@s, pero así es en determinadas ocasiones y circunstancias.

Vista panorámica de la vertiente norte del macizo de Peñalara nevado, donde se pueden reconocer, bajo el pico de Peñalara, el trazado de los canales y cordones de los flujos de derrubios, resaltados por la diferencia en la acumulación de la nieve. Foto: Andrés Díez Herrero.

El paso del temporal Filomena sobre Canarias y la península Ibérica durante los días 8 a 11 de enero de 2021, produciendo nevadas históricas en algunos lugares (en otros no, han sido espesores habituales) ha servido de excusa para darnos cuenta de algo que l@s geólog@s llevan siglos empleando de forma subliminal: la nieve cubriendo los afloramientos, estructuras y relieves puede resaltar diferencias de colores y matices en las rocas y minerales, acrecentar los contrastes de estructuras estratigráficas y tectónicas, homogeneizar pequeñas irregularidades (suavizar) del relieve para facilitar la observación de facetas, elementos y unidades geomorfológicas, etc.

Desde hace décadas (incluso diríamos siglos), casi como un ‘truco’ fruto de la experiencia aprendida de la observación continuada en el tiempo l@s geomorfólog@s aprovechan la permanencia o acumulación diferencial en el tiempo y en el espacio para distinguir formas glaciares y periglaciares, como los diferentes cordones morrénicos dejados por la fusión o retroceso de un glaciar, las terracetas periglaciares, etc. Un caso conocido es la observación de la ubicación de las últimas acumulaciones de nieve o neveros tardíos en las zonas montañosas para detectar dónde estuvieron ubicados los glaciares y nichos de nivación en los últimos periodos glaciares.

Vista de las últimas nieves primaverales rellenando el antiguo circo glaciar de Majada Hambrienta, en la cara norte de Peñalara. Foto: Andrés Díez Herrero.

También son aprovechadas las diferencias de acumulación y permanencia de la nieve en la caracterización (incluso cartografía) de las formas y depósitos torrenciales asociados a corrientes de derrubios (debris flows), cuyos diques naturales laterales (levees), quedan más marcados por la diferencia de acumulación de nieve en el canal y las márgenes respecto a los cordones elevados.

Canales de circulación y diques naturales laterales (levees) de los corredores de derrubios en la vertiente norte de Peñalara desde el Chozo Aránguez, resaltados por la diferente acumulación de nieve y la vegetación. Foto: Andrés Díez Herrero.

Pero la acumulación diferencial de nieve también puede ayudar a mejorar la observación de las secuencias estratigráficas, ya que los tramos de una vertiente con materiales más resistentes (p.e. calizas, dolomías…; conocidos jocosamente como ‘durienses’ por l@s geólog@s) suelen formar escarpes verticalizados en los que no se acumula fácilmente la nieve; mientras que los materiales menos tenaces y resistentes (p.e. margas, arcillas, arenas…; conocidos informalmente como ‘blandienses’ por l@s geólog@s) suelen formar taludes más tendidos, donde se acumula más fácilmente la nieve. De esta forma se diferencia más fácilmente los diferentes conjuntos de bancos, estratos y niveles, permitiendo incluso observar secuencias y patrones rítmicos de repetición para la interpretación de la Cicloestratigrafía.

Secuencia estratigráfica de materiales detríticos y carbonáticos del Cretácico Superior en la Rama Castellana de la Cordillera Ibérica, orla septentrional del Sistema Central en Segovia. Foto: Andrés Díez Herrero.

De la misma manera, las estructuras tectónicas, como pliegues y fallas, pueden resaltar sus formas por la disposición de los materiales en los flancos, charnela, bloques o superficie de falla.

Pliegue laxo alpino afectando a materiales del Cretácico Superior en las proximidades del túnel de Perogordo (Segovia), por adaptación a la falla Cerro de la Horca-Perogordo. Foto: Andrés Díez Herrero.

Por último, al cubrirse unas partes de los afloramientos con nieve y otras no, el contraste cromático entre las rocas y minerales y el blanco de la nieve, permite obtener fotografías con colores más naturales, que podríamos decir que llevan incorporado el ‘balance de blancos’ que tanto se usa en el ámbito audiovisual.

Afloramiento de materiales intermareales cretácicos en las proximidades del túnel de Perogordo (Segovia), resaltados cromáticamente respecto al entorno vegetado gracias a la nieve. Foto: Andrés Díez Herrero.
Afloramiento de rocas de silicatos cálcicos proterozoico-paleozoicas, con bandeados composicionales y pliegues disarmónicos, que destacan cuando la nieve tumba la vegetación herbácea y arbustiva. Lago Alonso (Nueva Segovia, Segovia). Foto: Andrés Díez Herrero.

Pero en otras ocasiones, cuando las litologías o los minerales del afloramiento son de colores blanquecinos, la nieve precisamente consigue lo contrario, que queden mimetizados o desdibujados y sean más difíciles de caracterizar.

Bolos de cuarzo lechoso, simulando la distribución en superficie de un filón de cuarzo, en el parque periurbano del Alto Clamores (Nueva Segovia), donde los cuarzos no contrastan con el color de la nieve. Foto: Andrés Díez Herrero.
Afloramiento de la Formación Arenas de Utrillas (Miembro Arenas y arcillas de Segovia), en la trasera del colegio Carlos de Lecea (Segovia), cuyas coloraciones blanquecinas apenas contrastan con la nieve. Foto: Andrés Díez Herrero.

Una contribución notable a este uso de los paisajes nevados en su estudio geológico la han hecho durante décadas l@s geólog@s que han frecuentado las zonas polares (Ártico y Antártida) y las principales cadenas montañosas del planeta, donde hay nieves perpetuas o casi permanentes, entre los que cabe reseñar a Adolfo Eraso, Jerónimo López, Joan Manuel Vilaplana, Francesc Sábat, Javier Pedraza… y recientemente Javier Lario, Ánchel Belmonte y Sito Carcavilla. Este último, en varios de sus libros y artículos sobre montañas, y fundamentalmente en su última obra «Geología desde el campo base«, presenta una magnífica recopilación fotográfica de afloramientos y paisajes donde la nieve realza la geología, como el propio pliegue de la fotografía de la portada del libro y muchas otras magníficas imágenes del interior del mismo.

Portada del libro «Geología desde el campo base» Carcavilla, L. (2020), Desnivel, en la que se muestra una fotografía del extraordinario pliegue del pico Tukuche (6920 m s.n.m.) hecha desde el campo base del Dhaulagiri (Himalaya Central, Nepal), en la que la nieve realza la traza del pliegue y los diferentes conjuntos rocosos que lo conforman.

Así pues, la próxima vez que nieve, no consideres la nevada como un impedimento para hacer geología de campo, sino una oportunidad para hacer ‘otra geología’, quizás observando cosas que habitualmente no puedes observar.