Desde los tiempos geológicos más recientes, al menos durante el último millón de años del Cuaternario, el río Eresma y el arroyo Clamores han excavado sus valles en el piedemonte de la Sierra de Guadarrama; formando los cañones que separan las lastras calcáreas de La Lastrilla-Altos del Parral-Zamarramala, de la zona donde se ubica el recinto amurallado de la ciudad de Segovia; y ésta última de Las Lastras-Altos de la Piedad-Pinarillo, respectivamente.

El trazado en planta de estos cañones en las lastras calcáreas, al menos en su fase final de encajamiento, siempre ha descrito curvas o meandros, por lo que algunas veces se ha denominado a estos valles con los topónimos de hoces u hocinos, por su semejanza a la forma de la cuchilla de este apero de labranza. Buena muestra de ello son los meandros que describe el valle del Clamores en La Hontanilla o en torno al cerrillo denominado popularmente ‘El Submarino’ (antiguamente llamado ‘Tormohito’); y que han condicionado la forma del recinto amurallado de Segovia por su sector meridional, incluida la forma festoneada del trazado del lienzo sur de la muralla. El cañón del Eresma, más amplio, tiene un trazado rectilíneo hasta llegar a su confluencia con el Clamores donde, parece que ‘contagiado’ por éste, empieza a trazar también curvas o meandros, entre la que destaca la que abarca el sector entre la Puente Castellana o de San Marcos hasta las inmediaciones de San Pedro Abanto (San Juan de Requijada). Precisamente en las curvas más marcadas de este meandro completo, el río Eresma ha zapado la orilla externa de su cauce, formando a lo largo de los últimos centenares de miles de años los mayores escarpes rocosos o peñas, como los cortados bajo el Alcázar (jardín norte), las Peñas Grajeras bajo las que se ubica el Santuario de Nª Sª de la Fuencisla, y los cortados de la orilla opuesta al Molino de los Señores.

Curvas de meandros

Y así ha sido el trazado de los ríos, con tenues modificaciones humanas (meandro artificial para construcción del azud del molino de Antonio de San Millán, posteriormente Casa de la Moneda), hasta mediados del siglo XIX, como puede apreciarse en la bonita litografía de F.P. Van Halen titulada “Segovia. Nª Sª de la Fuencisla”, fechada en 1847 (aunque probablemente pintada en los Países Bajos con base de apuntes y bocetos anteriores, posiblemente de 1845).

Van Halen

Pero en el año 1846, los cofrades y feligreses de la asociación La Devoción de la Virgen de la Fuencisla, hartos de las periódicas avenidas del río Eresma, sobre todo en los siglos XVI al XIX, que producían reiteradas inundaciones históricas y la humectación continua y zapado de los cimientos del Santuario, emprendieron una obra para desviar el río y alejarlo de los edificios del Santuario. Para ello, entre los meses de marzo y octubre de ese año, excavaron en la roca de la orilla interna del meandro (donde se ubicaban las ruinas del hospital de San Lázaro) un nuevo cauce artificial de 231 pies castellanos de longitud, 36 de latitud y 24 de profundidad (unos 64 x 10 x 7 m), para lo que se invirtieron 45 quintales de pólvora (1.960 barrenos) y 112.150 reales; como narra pormenorizadamente Tomás Baeza en el capítulo sexto de su obra de Historia de la Virgen de la Fuencisla y su Santuario (1864).

Portada Baeza (1864), Historia FuencislaCapitulo sesto, Baeza (1864), Historia Fuencisla

 

Este nuevo cauce artificial excavado en la roca supuso un neto acortamiento del tramo del río (entre la confluencia del Eresma-Clamores y el puente de San Lázaro), que pasó de tener una longitud de 515 m cuando circundaba el Santuario, a los apenas 360 metros de la actualidad. Por lo tanto, como el desnivel a salvar entre la cota de esos dos puntos del tramo era y es el mismo, esta obra supuso que la pendiente longitudinal del río aumentase significativamente, llegando casi a duplicarse en el tramo excavado en la roca.

 Ortofoto con cauces

Pendientes longitudinales

A raíz de la obra y de la duplicación de la pendiente longitudinal del lecho, la velocidad con la que discurren las aguas en este tramo, sobre todo en crecidas y avenidas del río, aumenta considerablemente respecto a los tramos situados aguas arriba (tránsito por San Marcos) y aguas abajo (molino de Los Señores), como puede comprobarse incluso en estiaje. Por ello, es frecuente que el flujo del agua en el tramo tenga rápidos, pequeños saltos e incluso remolinos, tal y como ocurrió en las riadas de enero de 2009 y marzo de 2013 y 2014 (ver foto).

   Avenida del Eresma 2 de marzo de 2014Una curiosa anécdota derivada de este aumento de la velocidad y la turbulencia de la corriente del río Eresma en este tramo, con implicaciones nada menos que en la afluencia de público a una prueba deportiva, es que durante la competición de piragüismo que todos los años se celebraba a mediados del siglo XX con motivo de las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro, los espectadores se concentraban mayoritariamente en este tramo, pues era donde esa mayor velocidad obligaba a los piragüistas a desplegar toda su destreza y técnica, para evitar volcar o golpearse con el lecho y las paredes del cauce excavado en la roca. Esta circunstancia puede apreciarse en la magnífica instantánea del reconocido fotógrafo José María Heredero, correspondiente a una de estas pruebas, y que sirve de ilustración al cartel anunciador de la exposición “Deporte segoviano en blanco y negro”, con la que se puede disfrutar en la sala de exposiciones temporales del Museo Rodera-Robles, entre los meses de diciembre de 2014 y junio de 2015.

Deporte segoviano en blanco y negro (cartel)

 

Así pues, la geología, y en particular la interferencia de la acción humana en la dinámica geomorfológica natural de un río, puede llegar a condicionar hasta la disposición y afluencia del público a las pruebas deportivas.

Andrés Díez Herrero
Instituto Geológico y Minero de España
andres.diez@igme.es

Extracto ampliado y desarrollado de los paneles del Camino Natural del Eresma y del guion de la excursión divulgativa “A todo riesgo: convivir con los desastres geológicos cotidianos”.
Dedicado a mis amigos Juan Pedro Velasco Sayago (Museo Rodera-Robles) e Ignacio Gutiérrez Pérez (Ferrovial-Agromán US, Dallas, Texas), quienes siempre me suministran la información o los datos sueltos que preciso para engarzar las historias de la geología de Segovia y su relación con la historia y la etnografía de los segovianos.