Las medallas de pizarra de la Virgen de la Soterraña nos protegen contra rayos y centellas…

En tiempos de tormentas no está de más buscar protección, no solo para guarecerse de la lluvia, sino también para defenderse de los rayos y truenos… Pues bien, para alcanzar tal favor, en Segovia tenemos desde finales del siglo XIV, la advocación de la Virgen de la Soterraña, también conocida como Virgen de Nieva (o Nuestra Señora de Nieva).

Con la difusión generalizada de la devoción hacia dicha Virgen, desde el siglo XVI, su iconografía es una de las más difundidas en medallas, relicarios, estampas, litografías y grabados en papel, seda, metal, madera o pizarra. De todos estos objetos, cabe destacar, por su interés etnogeológico, las medallas o relicarios por un lado, y los cuadros o placas por otro, tallados todos en pizarra con la imagen de la Soterraña. Tanto unas como otros, servían como amuleto para la protección frente a tormentas, rayos y truenos (e incluso terremotos), además de proteger, en general, contra el mal tiempo que echa a perder las cosechas. Además, en territorio segoviano, también se utilizaban trozos de pizarra sobre la cual se grababa la imagen de la Soterraña para animar a una feliz gestación de las futuras madres.

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Los cuadros se colgaban en las paredes de las casas o en los desvanes de las mismas mientras que las medallas (más correctamente denominados relicarios, al considerarse elementos que estuvieron en contacto con la imagen de la Virgen, tocadas por ella o realizados en las pizarras que la cubrían mientras estuvo oculta en tiempos de la dominación musulmana),se incorporaron a la joyería típica propia de la vestimenta tradicional segoviana, sobre todo de los siglos XVIII y XIX. Las medallas, cuya singularidad radica en que no son comunes las realizadas en este material, están formadas por una placa de pizarra grabada por bajorrelieve. En el anverso aparece la imagen de Nuestra Señora de la Soterraña o Virgen de Nieva sobre pedestal, cubierta con manto, sosteniendo al Niño en su brazo izquierdo, y un cetro en el derecho, rodeada de cortinajes. En el reverso, la cruz de Santo Domingo o el símbolo de la Santa Inquisición. Se creía que fueron hechas con la pizarra de la cueva donde se apareció la Virgen y “tocadas” por ella, y que, portadas por los devotos o colgadas en las paredes, estas placas eran protectoras contra los rayos provocados en las tormentas. El hecho de tallar la Virgen pudo ser también, una forma de representarla de una manera espontánea y económica, pues la producción iconográfica de ciertas imágenes estaba sometida a control ideológico y de explotación. Las piezas originales estaban protegidas por vidrios en ambas caras, y rematadas o guarnecidas por un cerquillo de metal, el cual podía ser plata, hojalata o hierro. Constaban además de un asa en la parte superior para colgarlas. Podían tener forma ovalada o rectangular, aunque también existían en forma de corazón.

La devoción a la Virgen de la Soterraña es una de las más arraigadas en las tierras segovianas. En el interior de la iglesia de Santa María la Real de Nieva se conserva una pintura sobre tabla que fue ofrecida como agradecimiento por una intervención de “Nuestra Señora de la Soterraña, defensora de rayos y centellas”; y entre las reliquias, se encuentra la pizarra que la Virgen daría como prueba, según la leyenda, al pastor Pedro Amador cuando ésta se le apareció en el pizarral. Dicha leyenda narra la historia sobre cómo surgió el santuario, las medallas y las placas de pizarra con su imagen, e incluso la propia historia de la villa de Santa María la Real de Nieva.

El nombre de la Virgen de la Soterraña le viene porque la imagen se halló soterrada y cubierta con las propias lajas en un pizarral, es decir, en un afloramiento donde las pizarras son las rocas más abundantes y características, dentro del macizo de Santa María. En cuanto al nombre de Virgen de Nieva, este alude a la localidad más cercana al lugar donde fue encontrada la imagen, pues la villa de Santa María la Real de Nieva comenzaría su existencia a raíz del hallazgo.

El macizo satélite de Santa María de Nieva-Carbonero El Mayor corresponde a una banda de unos cinco kilómetros de anchura, elongada en dirección suroeste-noreste, entre los términos de Juarros de Voltoya y Pinarnegrillo, que sobresale en la planicie circundante formada por rocas mesozoicas, y está constituido por un sustrato bien distinto. Es, por tanto, una unidad geológica diferente a las de su alrededor y corresponde a un sistema montañoso de los más antiguos de Segovia, cuyas rocas se formaron a partir de arcillas marinas del Neoproterozoico. Posteriormente fue erosionado y después, de nuevo elevado, de ahí que sea equivalente a los paisajes del piedemonte de la sierra de Guadarrama, de la que dista unos 35 kilómetros. El accidente tectónico de Santa María la Real de Nieva, por su singularidad geológica es un Lugar de Interés Geológico recogido en el catálogo de LIG de la provincia de Segovia.

Las pizarras, abundantes en este entorno y de colores grises a verdes (con mayor contenido en granos de cuarzo) o negras (procedentes de arcillas ricas en materia orgánica), se extraían normalmente del entorno de Santa María de Nieva o de Bernardos, siendo estas últimas de una tonalidad más oscura. Son rocas que sufrieron un metamorfismo de bajo grado, por lo que sus minerales son planos y tienen una disposición característica en láminas, denominada pizarrosidad, resultado de las grandes presiones a las que fueron sometidas. Esta propiedad es responsable de la rotura natural de estas rocas en forma de lajas, y por tanto, adecuada para obtener piezas planas y finas en las que grabar las imágenes de las medallas, aunque esta misma propiedad puede complicar su talla y favorecer su desgaste. La importancia de las pizarras en esta zona de Segovia (Santa María la Real de Nieva y Bernardos), ha contribuido incluso al nombre del Colegio Rural Asociado, C.R.A. “El Pizarral”.

La Virgen de la Soterraña sigue suscitando gran devoción entre los habitantes de Santa María la Real de Nieva y alrededores, manteniéndose una de las celebraciones de su fiesta, el 7 de septiembre conocida como el “Ofrecimiento de los Cirios”. En 2014, dicha festividad fue declarada Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial, siendo el primer rito segoviano en conseguirlo desde que la Diputación Provincial creara este sello.

Extraído y modificado de:

Sacristán, N. y Vicente, F. 2018. Las Piedras y los Paisajes en la Cultura Tradicional de la provincia de Segovia. Primera aproximación a la etnogeología segoviana. Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana Manuel González Herrero. Colección Becas de Investigación. Diputación de Segovia. 420 pp.