Recientemente hemos leído en el último número de una revista de alimentación publicada en Segovia que una bebida que se produce en nuestra provincia «… Para su elaboración utilizan agua de glaciar, procedente de las partes más alta de la sierra segoviana…». Y nos ha surgido la duda de si efectivamente existen todavía glaciares en Segovia de la que puede surgir ese «agua de glaciar», con la que elaborar la bebida.

Si tenemos en cuenta que un glaciar es una masa de hielo policristalino (resultado de la transformación de la nieve en un proceso complejo de compactación y recristalización) que no se funde anualmente sino que permanece ciclos plurianuales, la conclusión a la que llegamos es que en la sierra segoviana no hay glaciares actualmente, puesto que los mantos nivales se funden de un año para otro, tan solo preservándose algún nevero aislado hasta bien avanzado el verano (como el de Majada Hambrienta en la cara norte de Peñalara), que raramente alcanza el otoño.

La página web de esa bebida desarrolla algo más la idea en tono irónico con fines publicitarios:

Agua de Glaciar :
Nuestro agua proviene del deshielo de lo que fue un glaciar hace un trillón de años en las montañas de más de 2000m de altura de la sierra de Segovia, es básicamente nieve líquida.

Claro, inmediatamente nos planteamos si efectivamente hubo un glaciar hace un trillón de años en las montañas de más de 2000 m de la sierra de Segovia. Evidentemente hace un trillón de años no sabemos qué había, no sólo en la Sierra, sino en el planeta Tierra (que solo tiene unos 5.560 millones de años de edad) y el Universo, porque previamente al Big Bang (unos 13.800 millones de años atrás), no se sabe qué había.

Somos plenamente conscientes de que se trata de una estrategia publicitaria (algo burda, por cierto), pero nosotr@s aprovechamos la oportunidad para hablarte de que sí que hubo glaciares en el territorio que actualmente ocupa la provincia de Segovia; esos sí, mucho más recientemente que ese trillón de años, hasta el punto que nuestros antepasados podrían haber utilizado agua de glaciar para beber.

¿HUBO GLACIARES EN SEGOVIA?

(extracto del libro Las raíces del paisaje)

Y el hecho de que los glaciares de Guadarrama sean miniaturas, valga el vocablo, en las cuales no olvidó la Naturaleza ningún detalle importante, se presta muy bien a otra muy estimable consideración que nos hemos de permitir: tal es, la importancia didáctica que de los mismos hechos se puede sacar partido, para la enseñanza de visu, de los glaciares cuaternarios, y con ellos, mejor dicho, por sus huellas, darse cabal cuenta de lo que es un glaciar actual. Y esto en todo tiempo del año y a menos de seis horas (sic) de Madrid.”  (Obermaier y Carandell, 1917, p.17)

Contrariamente a lo que se pueda pensar, la superficie de la Tierra ha estado libre de hielos durante la mayor parte de su Historia. A las épocas en las que existen glaciares en el Planeta se las denomina ‘glaciaciones’, tal y como sucede hoy en día. Actualmente, el 10 % de la superficie continental está cubierta por hielo. La Antártida o Groenlandia están sepultados por imponentes masas heladas, al tiempo que grandes glaciares rellenan valles enteros en las principales cadenas montañosas del mundo.

Dentro de esta glaciación cuaternaria, en la que todavía nos encontramos, los periodos de avance y retroceso relativo de los hielos se han repetido varias veces. Son, respectivamente, periodos glaciares e interglaciares. El momento actual constituye un periodo interglaciar. Sin embargo, hace tan sólo 18.000 años (en la denominada Edad de Hielo), grandes masas heladas cubrían hasta un 30 % de la superficie total de los continentes. Y los lugares donde hoy se asientan ciudades como Nueva York, Copenhague o Edimburgo estaban cubiertos por glaciares de cientos de metros de espesor. En esa época, el hielo rellenaba la práctica totalidad de los valles de los cercanos Alpes, y en la península Ibérica existieron lenguas de hielo en Pirineos, Cordillera Cantábrica, Montes de León, Sistema Central, Sierra Nevada, y en menor medida, en algunas zonas del Sistema Ibérico.

En ese mismo periodo que venimos describiendo, en las Sierra de Guadarrama, Somosierra y Ayllón (como partes del Sistema Central), también existieron glaciares, si bien pocos y bastante reducidos en comparación, por ejemplo, con los de la vecina Sierra de Gredos. Dentro de esas sierras, en lo que actualmente es la provincia de Segovia, hubo dos variedades de los denominados glaciares ‘de montaña’: de circo y nichos. Los glaciares de circo (tradicionalmente denominados ‘pirenaicos’) fueron pequeñas masas de hielo que ocupaban depresiones en forma de anfiteatro, normalmente cabeceras de valles fluviales y torrenciales. Las masas de hielo, por tanto, no fueron lo suficientemente grandes como para fluir, y formar glaciares de valle (también denominados ‘alpinos’).

Con la excepción del pequeño circo glaciar de la cara norte de Peñalara (al que ya dedicaremos una entrada específica en esta web), existen dos áreas dentro de la provincia de Segovia donde hubo verdaderos glaciares de circo: La Superficie de Los Pelados, entre los puertos de Navafría y Malagosto; y el entorno de los picos de El Lobo y Tres Provincias (Cebollera), al Este del puerto de Somosierra.

Glaciares cerca de Navafría: La Superficie de Los Pelados

Las cabeceras de los pequeños valles que recortan la altiplanicie de Los Pelados, ya descrita con anterioridad, estuvieron parcialmente cubiertos por hielo hace unos 18.000 años. Lo suficiente como para formar pequeños glaciares de circo, pero no tanto como para desarrollar el típico paisaje alpino que el lector quiere imaginarse, con picos y cresterías entre las cabeceras de circos, valles excavados con perfil en forma de U, y lagos que salpican el interior de valles y circos.

Los mejores ejemplos de morfologías originadas por glaciares de circo en este entorno se desarrollaron al sur de Los Pelados, todos ellos en la Comunidad de Madrid, donde reciben la denominación común de ‘hoyos’. Ciñéndonos a la porción segoviana de esta superficie, señalemos que existieron un total de cinco cabeceras glaciares. Tres de ellas conservan restos de morrenas, que corresponden a los antiguos glaciares de Las Pozas, del Chorro y de Romalo Pelao, en los cuales pueden reconocerse relativamente bien las formas de circo y restos de morrenas. Dentro de estos circos existen escasos pulidos y estrías, y pequeños resaltes a modo de umbrales, coincidentes con las rocas más duras del Guadarrama (leucogneises). Las morrenas, salvo en el caso de Las Pozas, son pequeños restos, suficientes para su identificación, pero sin formar arcos bien definidos como los de la vertiente sur. Los otros dos (Peñacabra y el Artiñuelo) tienen morfología de circo, con signos de excavación del hielo y pulidos, pero no se observa depósito alguno de morrenas, probablemente porque se hayan erosionado.

Esta depresión cercana al puerto de Navafría, cabecera del arroyo de Las Pozas, constituyó una lengua de hielo de más de 1100 metros de longitud y aproximadamente 100 metros de espesor. Hace sólo 18.000 años. Foto: J.F. Martín Duque.

Los glaciares de La Pinilla y Tres Provincias

Entre los puertos de Somosierra y la Quesera, en el entorno de los Picos de El Lobo y Tres Provincias (o Cebollera), se sitúa la segunda zona de la Provincia con restos de geomorfología glaciar. En este entorno montañoso influyen más que en Guadarrama los vientos del Noreste (muy fríos, procedentes del continente euroasiático). Estos vientos dan lugar en invierno a grandes nevadas en el norte de la Península, y su influencia se deja sentir en el noreste provincial. También actualmente, en verano, las tormentas y las nieblas son más abundantes aquí que en Guadarrama. Como se supone que la circulación de vientos no ha variado sustancialmente en los últimos miles de años, ésta sería una de las razones por las que en épocas más frías existió aquí una mayor acumulación de nieve en invierno (y una menor fusión en verano), llegando a formarse glaciares de cierta entidad.

El primero de ellos fue el de Cebollera. Se trata de un magnífico conjunto de morfología glaciar, con un circo característico, y unas imponentes morrenas de más de 40 metros de altura. Visto sobre un mapa, “la planta de la cuenca glaciar, orientada a 60º, tiene forma de triángulo agudo” (Fränzle, 1978, p. 225). Otra característica interesante de esta localización es la presencia de una pequeña zona pantanosa en el interior del circo, que rellena una cubeta de sobreexcavación típica, situada al pie de la pared del circo.

El segundo, el glaciar que existió en las proximidades de la actual estación de esquí de La Pinilla, fue el mayor de toda la provincia de Segovia. Es éste un conjunto de morfología glaciar realmente espectacular, sólo comparable en toda la región de Guadarrama, Somosierra y Ayllón al de Peñalara. Y por qué no decirlo, la preservación de la geomorfología glaciar de este segundo motivó su reconocimiento como Sitio Natural de Interés Nacional en 1930, y su declaración en 1990 como Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara.

Lo que fue el circo glaciar de La Pinilla está delimitado actualmente por crestas, picos y aristas, configurando sin duda el paisaje más ‘alpino’ de toda la provincia de Segovia. En las paredes de este circo no se reconocen bien estrías, dado que las rocas que lo componen, esquistos, no son muy resistentes, y las estrías tienden a formarse y a conservarse mejor en rocas más duras, como granitos o gneises. Sin embargo sí que se observa un ‘desgaste’ generalizado, denominado ‘pulido’ o ‘pulimentado’. En este complejo glaciar se reconocen además dos arcos de morrenas principales. El inferior se sitúa por debajo de las instalaciones más elevadas de la estación de esquí, entre 1800 y 1600 m de altitud, y el superior entre los 1800 y 1900 m.

El estudio en campo y a través de fotografías aéreas de los restos dejados por el hielo glaciar, su comparación con zonas en las que actualmente existen glaciares similares, y el estado de conocimientos actual sobre el glaciarismo a nivel regional, permiten realizar una interpretación sobre la evolución glaciar que debió existir en esta zona, así como el aspecto que debió tener el paisaje en cada fase.

Evolución del glaciar que ocupó el entorno de La Pinilla. Dibujos: Jorge Soler Valencia.
A – Con anterioridad a la presencia de hielo glaciar en esta zona, el valle del arroyo Serrano y el relieve de todo el entorno tenían un aspecto más alomado que en la actualidad.
B – Durante el periodo de máxima glaciación la nieve se conservaba todo el año en estas cumbres, en especial en la hoya del Pico del Lobo, dada su orientación norte y su gran inclinación. Se formó así una imponente lengua de hielo de más de un kilómetro de longitud, que partía desde unos 2050 m de altitud y bajaba hasta cerca de los 1600 m. Las irregularidades del terreno por debajo del glaciar hicieron que el hielo se adaptara a esa topografía, formando escalones y agrietamientos (seracs). Al final de la masa helada se formó una importante morrena frontal o terminal.
C – La existencia de una segunda morrena con forma de arco, por encima de la anterior, indica que el glaciar retrocedió primero, y que luego quedó estable en esta posición durante un periodo de tiempo. La sobreexcavación que produjo el hielo entre los dos arcos de morrenas originó una depresión. Una vez retirado el hielo, ésta se rellenó por agua, formando una pequeña laguna.
D – Una vez desaparecidos los hielos, la morrena más elevada quedó al descubierto, así como el circo glaciar. Y dentro de éste, una serie de pequeños ‘umbrales’, escalones escarpados producidos por distinta erosión del lecho (debido a distinta resistencia de la roca).

Nichos glaciares en La Fuenfría

Los nichos glaciares fueron pequeñas acumulaciones de hielo, situadas al pie de paredes escarpadas o dentro de pequeñas depresiones, con poca capacidad para erosionar. Un buen ejemplo de lo que fue un nicho glaciar aparece entre los cerros Minguete y Montón de Trigo, en los denominados Corrales de Majada Minguete. En esta ladera existe una especie de cuenco, el cual estuvo ocupado por hielo en el mismo periodo de tiempo en que existieron glaciares en otros puntos del Sistema Central. A pesar de su escasa capacidad erosiva y para sedimentar, este nicho glaciar formó una pequeña morrena en su ladera derecha, identificable por constituir ahora una pequeña colina alargada en el sentido de la pendiente de la ladera. Los materiales que forman la morrena, una masa de derrubios, o ‘escombros’, de distintos tamaños y sin estratificación alguna, pueden observarse allí donde ésta se cruza con el camino empedrado que sube al Puerto de la Fuenfría.

Pequeña vaguada entre el Cerro Minguete y el Montón de Trigo, en la que se ubicó un nicho de nivación y conserva pequeñas morrenas y acumulaciones de bloques. Foto: Andrés Díez Herrero.

Últimos trabajos sobre los glaciares de Segovia

En las últimas dos décadas, tras la publicación de la obra divulgativa «Las raíces del paisaje» (2005), diversos grupos de investigadores (geólog@s y geógraf@s, fundamentalmente) de las universidades madrileñas (UCM, UAM…) y del resto de España (UCLM), en colaboración con equipos y laboratorios extranjeros, han continuado con el estudio del glaciarismo en el Sistema Central, consiguiendo dataciones de las fases y etapas glaciares mediante cosmogénicos y la caracterización geomorfológica precisa del alcance y dinámica de los antiguos glaciares. Algunos de estos últimos trabajos que puedes consultar para saber más sobre el glaciarismo en las sierras de la provincia de Segovia son, de más antiguo a más reciente: