Cualquier guía turística editada en las últimas décadas, o folleto de turismo rural, contiene referencias que invitan a visitar los ‘pueblos rojos’ y los ‘pueblos negros’ de la Sierra de Ayllón. En la vertiente segoviana, dichos pueblos están singularizados por Madriguera (rojo) y El Muyo (negro), pero existen otros muchos igualmente llamativos por la coloración de sus construcciones: El Negredo y Villacorta, entre los rojos; Becerril y Serracín, entre los negros; y Alquité y Martín Muñoz de Ayllón por sus combinaciones cromáticas.

¿A qué se debe este monocromatismo en las fachadas y tejados de los edificios? Evidentemente al empleo de los materiales de construcción de su entorno más inmediato, en un buen ejemplo de optimización en el empleo de los recursos naturales, economía de subsistencia e integración en el medio, en un momento en el que no se disponía de medios eficientes de transporte de materiales.

El piedemonte septentrional de la Sierra de Ayllón está constituido por tres grandes conjuntos de rocas: pizarras y cuarcitas, brechas ferruginosas, y conglomerados cuarcíticos, de tipo raña o con intercalaciones arenosas. Cada uno de estos conjuntos condiciona los materiales y la tipología constructiva de las localidades que se ubican sobre ellos o en sus inmediaciones.

El primer conjunto está formado por secuencias de pizarras de diferentes tipos (negras homogéneas, grises y arenosas) correspondientes a la denominada Formación Rodada, de edad ordovícica; o alternancias de pizarras (en ocasiones oscuras y ricas en carbono, denominadas ampelíticas) y cuarcitas de edad silúrica. La fácil exfoliación de las pizarras siguiendo los planos de pizarrosidad, y adoptando formas de bloque y laja por las diaclasas que los bordean, ha hecho que históricamente se emplearan como material de construcción de muros de mampostería en seco; además, su moderada densidad y alta impermeabilidad condujo a que las lajas más finas fueran utilizadas en las cubiertas y tejados de forma imbricada. Así se ha hecho históricamente en El Muyo, Becerril y Serracín.

Las pizarras grafitosas, que otorgan esos tonos oscuros al paisaje serrano, tienen como origen el metamorfismo de materiales arcillosos acumulados en fondos marinos profundos, con poco oxígeno y sin agitación, en los que fue notable la acumulación de materia orgánica carbonosa, con fosfatos y pirita. En épocas remotas se utilizó el grafito de El Muyo y Becerril para la fabricación tosca de lapiceros.

Las brechas ferruginosas consisten en un conglomerado de cantos angulosos de pizarra y cuarcita, cementado por óxidos e hidróxidos de hierro (hematites, goethita, limonita…). Tienen un origen controvertido: durante mucho tiempo se pensó que eran depósitos arrastrados por corrientes fluviales hasta zonas lacustres; actualmente se tiende a pensar, por el contrario, que se trata de suelos profundos, formados por alteración en climas subtropicales, donde se concentraron los minerales insolubles (gossan). A pesar de ser rocas cementadas y densas, son fáciles de trabajar en sillares, lo que ha permitido que se empleen para los muros y dinteles de los edificios de Madriguera (incluida la iglesia), El Negredo y Villacorta.

El alto contenido en hierro de las brechas ha hecho que se hayan utilizado desde tiempos remotos como fuente de este metal en las ferrerías y forjas locales (forja catalana de Villacorta y molino de la ferrería de Madriguera), tal como lo prueban los numerosos restos de escorias y topónimos relacionados. Además condujo a lo largo de finales del siglo XIX (décadas de 1870 y 1880) y primeras décadas del siglo XX a numerosos intentos de explotación intensiva, estableciéndose minas en los antiguos términos municipales de Madriguera, Becerril, El Muyo, Serracín y El Negredo. En algunos filoncillos ferruginosos dentro de la brecha se han localizado indicios de oro. Curiosamente, hace décadas estos pueblos fueron escenario del rodaje de una película sobre los conflictos que producía entre sus habitantes el descubrimiento de un yacimiento aurífero.

Por último, los conglomerados de cantos de cuarcita subredondeados, empastados en matriz de arena y arcilla,  de color rojizo, confieren característicos tonos pardo-rojizos al paisaje. De la raña se han aprovechado tradicionalmente los cantos rodados de cuarcita, que se combinaban con las pizarras en los muros (Alquité y Martín Muñoz de Ayllón); y la matriz areno-arcillosa (denominada localmente ‘almazarrón’ o ‘almagrera’), para la fabricación de los revocos y esgrafiados de las fachadas, obteniéndose acabados en tonos rojo-anaranjados (Madriguera); incluso llegó a emplearse para la fabricación de pinturas.

En definitiva, la ubicación y fisonomía de los pueblos segovianos de la Sierra de Ayllón no es casual. La geología y el conocimiento popular han condicionado una ancestral utilización de las rocas del entorno, retomada y potenciada en las últimas décadas.

Extraído con permiso de los autores de «Las raíces del paisaje»
DÍEZ, A. Y MARTÍN-DUQUE, J.F. (2006). Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia. En: ABELLA MARDONES, J.A. et al.  (Coords.), Colección Hombre y Naturaleza, VII. Ed. Junta de Castilla y León, 464 págs. ISBN 84-9718-326-6; D.L.: S. 1.752-2005.

Turismo de Segovia nos propone una Ruta Geomonumental por la Sierra de Ayllón: «Entre las provincias de Guadalajara y Segovia se extiende el macizo de Ayllón, flanqueado en su vertiente Sur por la cuenca del Tajo y en su vertiente Norte por la cuenca del Duero, donde se localiza la comarca de la Sierra de Ayllón. Los prinipales factores geológicos que han condicionado la ubicación y evolución de sus pueblos han sido la climatología, los recursos geológicos y la geomorfolgía. La Ruta Geomonumetal propuesta por Turismo de Segovia se centra en los materiales pétreos utilizados en las construcciones tradicionales de Alquité, Martín Muñoz de Ayllón, Villacorta, Madriguera, Serracín, Becerril y El Muyo».
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