Mesas y lastras de la comarca de Pedraza

(extracto del apartado 10.8 de «Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia» ; Díez Herrero y Martín Duque, 2005).

El municipio de Orejana se extiende por diferentes formas del relieve: desde las vegas del río Pontón, hasta las gargantas de su afluente, el arroyo de la Calzada; y desde las planicies entre El Arenal y Orejanilla, hasta los cerros del piedemonte en Sanchopedro.

Vista aérea de las mesas y lastras de Orejana. Se observan varios relieves tabulares, con culminación plana, que generan varias líneas de horizonte subparalelas. Entre estos cerros, amplios valles dejan al descubierto los sedimentos arenosos y arcillosos, que dan nombre a la población de El Arenal. (Foto: Justino Diez)

Sin embargo, entre todos ellos llaman la atención los relieves que, a modo de elevaciones con culminación llana, se levantan cerca de un centenar de metros sobre el lecho del río Pontón y sus afluentes. Nos referimos a los cerros de Valdelailla (1.106 m), Calamorros (1.106 m), Castillejo (1.083 m), Alameda (1.121 m), Revilla (1.096 m), La Calera (1.136 m), Pico del Hoyo (1.153 m), Alto de la Majadilla (1.174 m)… Además continúan hacia términos municipales limítrofes, como el de Pedraza, donde destacan los cerros de: La Lastra (1100 m), Las Torcas (1.114 m), Los Molares (1.116 m), Vaíllo (1.072 m); y el propio montículo de cumbre plana sobre el que se sitúa el recinto amurallado de Pedraza (1.072 m).

Estas elevaciones tabulares, de cumbre plana bordeada por laderas rectilíneas de fuertes pendientes, reciben los nombres de: mesas (por su similitud morfológica con el mueble doméstico), plataformas, muelas (de ahí topónimos como Los Molares y El Molar), y lastras; el paraje de la Lastra de la Muela, situado al SE de Torreiglesias, y el cerro de la Muela en Valle de San Pedro son buena prueba de ello.

Bloques diagrama geológicos de la configuración actual del relieve de mesas en el entorno del municipio de Orejana (bloque superior) y en el valle del Cega-Pedraza de la Sierra (bloques inferiores). Los relieves tabulares, actualmente separados por valles y vallejos, originalmente formaban una amplia planicie formada por la disposición subhorizontal de las rocas sedimentarias cretácicas.

El topónimo lastra, muy difundido en la provincia de Segovia, tiene un origen incierto, posiblemente latino, haciendo referencia a las lajas de roca, lanchas o piedras llanas que se colocaban en la construcción de las calzadas romanas; después ha sido profusamente utilizado en lugares de repoblación medieval riojana y vasco-navarra (arlasta [en euskera] = losa de piedra formada de manera natural), como Burgos o Soria, dando nombre a numerosas localidades segovianas (Lastras del Pozo, Lastras de Cuellar, Lastras de Lama, La Lastrilla), infinidad de topónimos de parajes, e incluso ermitas y vírgenes (Virgen de La Lastra en Arcones). Derivado de este término, se usa en Segovia el vocablo ‘lastreño/a’ para designar a un terreno de lastra poco apto para el cultivo (Calleja, 1996), debido a la delgadez de los suelos fértiles y a la escasa profundidad a la que aparecen las rocas calcáreas, que les confieren una alta pedregosidad. Los paisajes de lastras son característicos del entorno de Segovia y Zamarramala, Espirdo y La Higuera, Torreiglesias, Caballar, desde Torreval de San Pedro hasta Pedraza, el entorno de las ‘Valleruelas’ (de Sepúlveda y Pedraza), o La Matilla,  Villar de Sobrepeña, y Villaseca, entre otras muchas localidades.

El origen de todos estos relieves es bien conocido: en un principio las cumbres de los cerros formaban una única zona casi plana (como puede deducirse de la semejanza entre sus cotas, que rondan los 1100 m sobre el nivel del mar); fueron los ríos y arroyos situados entre ellos los que, durante la formación de sus valles (‘vallejos’) a partir de esta planicie culminante, fueron encajándose y dejando individualizados los diferentes cerros, que quedaban aislados como torreones o castillos (‘castillejos’). Allí donde el encajamiento de los arroyos, por su escasa entidad, no alcanzó a separar del todo los cerros, dejó entre ellos pequeños collados o portachuelos (El Collaíllo, Portillo de la Alameda…), que han aprovechado los caminos vecinales y carreteras, vías pecuarias (Cañada Real de Orejana), e incluso localidades que buscaban el abrigo del relieve (Revilla). Por el contrario, donde los valles entre los relieves adquieren mayores dimensiones, se forman las ‘valleruelas’, que dan nombre a los municipios de Valleruela de Sepúlveda y Pedraza.

La base de las laderas de estos relieves está formada por arenas y arcillas de origen fluvial,  cuyas vertientes adoptan formas rectilíneas a ligeramente cóncavas, que reciben los topónimos de laderas (Laderas de Orejanilla) y cuestas; en ellas es frecuente encontrar zonas acarcavadas (‘arenales’) y vegetación arbórea de encinar, al no haber sido roturadas por sus elevadas pendientes. Las rocas carbonáticas, más cementadas y resistentes, sirven de protección frente a la erosión a las arenas infrayacentes, más deleznables. Los estratos de calizas y dolomías afloran en la culminación de los cerros formando escarpes escalonados, y dan lugar a delgados suelos pedregosos, y a pequeños cortados en la parte superior de las laderas. A veces, los afloramientos de rocas carbonáticas son tan estrechos que recuerdan a ruinas de castillos (Castillejo en Orejana y Espirdo; Los Castillejos en Arahuetes); otras, constituyen cerros elevados que han servido de ubicación a poblamientos desde antiguo, haciéndose eco la toponimia de esta circunstancia (Los Castros en Valseca); o tienen formas características troncocónicas que se asemejan a útiles domésticos (El Serón, en Segovia); finalmente han sido objeto de explotación de recursos naturales, como la cal (La Calera y El Calerón).

Vista aérea del cerro de la Muela (Torreval de San Pedro), un relieve tabular con forma de mesa, condicionada por la protección que ejercen los materiales suprayacentes (calizas, dolomías y areniscas, con tonos grisáceos) sobre las arcillas y arenas de las laderas, blanquecinas y afectadas por acarcavamientos. (Foto: Justino Diez)

Esquema de la formación del Cerro la Muela (Valle de San Pedro). Díez Herrero et al. (2023), “Ruta 2. Cuevas, barrancas y troncos fósiles”. Turismo Geológico, PRODESTUR, Diputación de Segovia.
Cerro la Muela (Valle de San Pedro, Segovia). Fotografía: J.A. Sacristán Velasco

Para saber más…

  • «Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia» (Díez Herrero y Martín Duque, 2005). Junta de Castilla y León.
  • Cuevas, barrancas y troncos fósiles. Díez Herrero et al. (2023), “Ruta 2. Cuevas, barrancas y troncos fósiles”. Turismo Geológico, PRODESTUR, Diputación de Segovia.

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