(Extracto del apartado 18.2 del libro Las raíces del paisaje)
Los ríos que presentan trazados sinuosos, describiendo curvas cerradas, reciben el nombre de meandriformes; cada una de sus curvas completas se denomina meandro. Este nombre procede del topónimo griego Maiandros, nombre que recibía durante la dominación griega un río extraordinariamente sinuoso que discurre por las inmediaciones de la ciudad de Éfeso (península de Anatolia, actual Turquía).
Los ríos meandriformes tienen una dinámica peculiar, puesto que la corriente de agua tiende a aproximar su zona de máxima velocidad y capacidad erosiva hacia la orilla externa (por la denominada fuerza centrífuga), mientras que la orilla interna tiene menores velocidades y el depósito de los materiales arrastrados desde aguas arriba. Por este motivo los meandros se desplazan con el tiempo, erosionando en la orilla externa y sedimentando en la interna, tanto aguas abajo (según el sentido de la corriente), como hacia los laterales (perpendicular al sentido de la corriente). Durante estos movimientos, las zonas de máxima curvatura opuestas de una curva de meandro pueden aproximarse progresivamente por erosión en sus respectivas orillas externas, dejando la orilla interna con forma de península. Esto es lo que ha ocurrido en el meandro de San Frutos en las Hoces del río Duratón, dejando una estrecha lengua de tierra donde se sitúa la ermita, unida a las lastras circundantes únicamente por la conocida “Cuchillada de San Frutos”; y también en el promontorio rocoso conocido popularmente como El Submarino, en el Valle del Clamores (Segovia).

En casos extremos de aproximación de estas orillas curvas contrapuestas se puede llegar a romper el istmo que las separa, pasando el río a circular más recto, atajando por el nuevo paso y dejando buena parte del antiguo meandro sin circulación de agua; este proceso se denomina estrangulamiento (en terminología anglosajona neck cut-off = corte de cuello) y suele coincidir en su consumación final con una crecida del río o un movimiento de ladera (deslizamiento, desprendimiento…) en sus márgenes. Así se forma un meandro abandonado, un tramo de antiguo cauce del río que ha quedado inactivo, al haberse trasladado la corriente a otra zona. Lo que era el antiguo fondo de valle, suele quedar ocupado de manera temporal por una laguna de forma semilunar, que recibe el nombre de galacho (en inglés oxbow lake = lago en forma de cuerno de buey).

En Segovia tenemos varios ejemplos de espectaculares meandros abandonados, tanto por sus dimensiones como por poderse reconocer perfectamente en ellos el proceso de estrangulamiento antes descrito. Destacan por su fácil acceso: el meandro abandonado del río Duratón en La Hontanilla (Hoces del río Duratón), perfectamente visible desde el punto kilométrico 16,700 de la carretera entre Sepúlveda y Villar de Sobrepeña (Díez et al., 1996); el meandro abandonado del río Eresma en la Constanzana (Pinar de Bernardos), donde se sitúa el centro forestal homónimo; y el meandro abandonado por captura del río Voltoya al río Eresma en la Cuesta del Mercado (Coca), también conocido como El Barco, posiblemente en alusión a la forma de la loma que formaba la antigua orilla interna.

Otras veces los meandros abandonados se sitúan en los propios depósitos aluviales de la llanura de inundación, por lo que son de dimensiones más limitadas y poseen un carácter efímero, sólo distinguiéndose por mínimas diferencias topográficas, variaciones en la humedad del suelo, y los consiguientes cambios de la vegetación riparia. Este tipo de meandros abandonados son característicos de: el arroyo Milanillos entre Madrona y Valverde del Majano (de donde también podría proceder su nombre, mil-anillos, en alusión a las formas de lazo de los meandros abandonados); el río Eresma entre Segovia y Los Huertos; el río Voltoya en Campo Azálvaro; y el río Cega entre Veganzones y Lastras de Cuellar. Por último, los cauces meandriformes también son frecuentes en las praderas de alta montaña, donde la pendiente es muy suave, como las tollas y trampales de la Sierra de Guadarrama.

Las curvas de meandro abandonadas del Casuar-La Vega (Hoces del río Riaza)
En el cañón y hoces del río Riaza entre la iglesia-ermita de San Martín del Casuar y La Vega de Montejo de la Vega de la Serrezuela, allí donde el valle pasa de encajarse en los materiales carbonáticos cretácicos (calizas, dolomías y margas) a las rocas detríticas cenozoicas (conglomerados, areniscas, limolitas, arcillas y calizas), se encuentra el paraje de La Hoz-La Calleja, etimológicamente muy ilustrativo de las curvas de meandro que traza en este tramo el valle del río.

Porque en este tramo del río Riaza no solo el río actual traza curvas de meandro en el cañón holoceno, sino que en las partes medias y altas del valle se pueden reconocer restos de escarpes en anfiteatro y replanos semicirculares de antiguas posiciones del fondo del valle y sus curvas de meandro, que han quedado abandonadas en cambios de patrón del río por estrangulamiento o acortamiento.

Reconocido en detalle parece haber al menos tres generaciones de curvas de meandro abandonadas en dos fases distintas del encajamiento del valle del río Riaza, que de más antigua a más moderna serían:
- Curvas de meandro de Los Ulagares y del Vallejo del Corral: corresponden a un tramo alto del valle, posiblemente a las hoces pleistocenas, de las que tan solo se conservan las curvas septentrionales en los materiales detríticos.
- Curvas de meandro de La Umbría-La Hoz: corresponden a un tramo intermedio-bajo del valle, posiblemente ya de las hoces holocenas, de las que se conservan las curvas meridionales porque las nororientales coinciden con el cañón actual.
- Curva de meandro de la desembocadura del barranco de Los Frailes: corresponde a la llanura aluvial del fondo del valle holoceno-actual.

La datación exacta de los momentos de circulación del río por esas curvas de meandro y de su abandono requeriría estudios geomorfológicos de detalle con correlación de los perfiles longitudinales de los paleovalles y su correlación con las terrazas del propio río Riaza y del río Duero; complementados con dataciones geocronológicas en espeleotemas de los sistemas de cavidades kársticas que permitan correlacionar las curvas de meandro abandonadas con el encajamiento del valle y los sistemas kársticos. Unos estudios pendientes de realizar y que serían interesantes para interpretar el paisaje de un parque natural donde el relieve es su carácter definidor.

Lo que sí que está claro es que la coincidencia de estas curvas de meandro abandonadas con el cambio de litología entre los materiales carbonáticos (donde predomina el cañón rectilíneo) a los materiales detríticos (donde predomina el cañón meandriforme u hoces), pone de manifiesto el debate entre sobreimposición y/o antecedencia, o una combinación de ambas, en el trazado meandriforme o no del valle del río Riaza.


