Javier Luengo Olmos y Manuel Jesús Montes Santiago
Centro Nacional Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC)
Las Hoces del río Riaza: un viaje al pasado geológico de la cuenca del Duero
Encajadas en el extremo más nororiental de la provincia de Segovia, en el límite con Soria y Burgos, las Hoces del río Riaza se abren paso al norte de la Sierra de Pradales (o La Serrezuela) revelando uno de los paisajes geológicos más singulares de la provincia. Como bien recogen José Francisco Martín Duque y Andrés Díez Herrero en su obra «Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia», en su apartado sobre las Hoces del río Riaza, describe cómo “los materiales en los que el río Riaza forma su valle son rocas carbonáticas (calizas, dolomías, margas…) de edad Cretácico superior y origen marino” exceptuando “El tramo final del valle que está excavado en conglomerados calcáreos cenozoicos, compuestos de bloques y gravas cementados”. Es precisamente en este tramo final donde el río actúa como frontera natural entre dos mundos geológicos: las rocas que formaron el borde de la cuenca del Duero y los sedimentos que la rellenaron durante el Cenozoico.

Para entender el paisaje que hoy contemplamos en las Hoces, es necesario retroceder en el tiempo y comprender qué representan, desde un punto de vista geológico, sus dos grandes protagonistas: la Sierra de Pradales y la cuenca del Duero. La Sierra de Pradales es la estribación más septentrional del Sistema Central, cuyo origen está ligado a una importante falla de basamento de dirección NE-SO. Durante la orogenia alpina, el movimiento de esta falla durante buena parte del Cenozoico provocó el levantamiento y plegamiento de los materiales que hoy forman la Sierra en forma de una gran estructura anticlinal que en superficie aflora recubierta principalmente por las calizas y dolomías cretácicas que conforman las imponentes paredes de la zona central de las Hoces.
Debido a este levantamiento de la Sierra de Pradales así como de muchas otras sierras y relieves limítrofes que actuaron como bordes, la cuenca del Duero se estructuró como una gran depresión respecto a estas. Durante buena parte del Cenozoico la cuenca funcionó como una gran cubeta cerrada sin salida al mar (lo que los geólogos denominamos cuenca endorreica) en la que los sedimentos procedentes de los relieves circundantes se fueron acumulando y superponiendo unos sobre otros. Únicamente en las etapas más recientes la cuenca se abrió hacia el océano Atlántico, adquiriendo su carácter exorreico actual y permitiendo que la erosión excavara el relleno sedimentario y modelara el paisaje actual de páramos y valles encajados, como los de la propia Hoz del río Riaza.

Recorriendo el tramo final de las Hoces hasta llegar a Montejo de la Vega de la Serrezuela podemos descubrir, a ambos lados del río, la relación entre los materiales que forman el borde de la cuenca y los que la rellenaron. El río actúa aquí como frontera natural: al sur afloran las rocas cretácicas de origen marino, plegadas y vinculadas a la Sierra de Pradales, mientras que al norte se disponen los sedimentos cenozoicos que colmataron la cuenca del Duero. Si imaginamos un corte geológico perpendicular al río en este tramo de la Hoz (como si cortáramos el terreno con un cuchillo y lo miráramos de perfil) podemos observar cómo estos dos conjuntos, aunque separados por una gran discordancia, están sin embargo íntimamente relacionados: las rocas cretácicas más antiguas funcionaron como la cantera natural o área fuente de los materiales más jóvenes. Sobre las calizas y dolomías cretácicas plegadas se disponen de forma discordante los depósitos cenozoicos, ligeramente inclinados hacia el noreste u horizontales, constituidos por rocas detríticas y detrítico-carbonatadas (conglomerados, areniscas, lutitas y calizas) depositadas en un ambiente sedimentario continental.

En geología, las rocas depositadas en ambientes continentales se agrupan en unidades denominadas secuencias sedimentarias. Cada secuencia engloba diferentes tipos de rocas o litologías formadas durante un mismo intervalo de tiempo geológico y delimitadas por discontinuidades sedimentarias, es decir, interrupciones en el registro geológico. En las zonas más centrales de la cuenca del Duero, el límite superior de estas secuencias es fácilmente reconocible por los característicos páramos calcáreos que se encuentran a techo de muchas de ellas. En esta zona de las Hoces se han identificado dos unidades o secuencias sedimentarias: la Unidad de Montejo, la más antigua, y la Unidad del Páramo Inferior, la mas moderna. Ambas se depositaron en un ambiente caracterizado por abanicos aluviales junto al borde montañoso de la Sierra de Pradales, aunque con una diferencia notable: la Unidad de Montejo refleja condiciones con un mayor aporte de agua, mientras que la Unidad del Páramo Inferior se depositó en un ambiente comparativamente más árido.
| ¿Qué es un abanico aluvial y un ambiente palustre? Imaginemos un río de montaña que, al llegar a una llanura, pierde bruscamente velocidad y con ella la capacidad de arrastrar sedimentos. En ese momento, los materiales que transportaba comienzan a depositarse formando una estructura con forma de abanico o cono: lo que los geólogos denominamos abanico aluvial. Los materiales más gruesos, como gravas y cantos, quedan cerca de la salida del cauce montañoso, mientras que los más finos, arenas y arcillas, se depositan progresivamente hacia las zonas externas. Este tipo de formaciones son especialmente comunes en regiones áridas y semiáridas. Cuando varios abanicos se unen formando un sistema continuo al pie de una zona montañosa, hablamos de coalescencia de abanicos. En las zonas donde confluyen estos abanicos, los aportes continuos de agua pueden dar lugar a pequeños ambientes palustres: humedales someros de aguas tranquilas y escasa profundidad, donde la vegetación arraigada se acumula y descompone generando materia orgánica. |

La Unidad de Montejo aflora en una franja relativamente estrecha en la parte baja de la vertiente derecha del río, entre la localidad de Montejo de la Vega de la Serrezuela y el Barranco de los Frailes. En el sector occidental, entre Montejo de la Vega de la Serrezuela y Peña Portillo, está representada por las llamadas Calizas de Montejo: una sucesión de calizas blanco-grisáceas con abundantes niveles oncolíticos que nos hablan de un antiguo ambiente lacustre somero próximo a un área aluvial. Hacia el este, estas calizas, pasan lateralmente a materiales más detríticos, como areniscas, margas, margocalizas y conglomerados calcáreos. En conjunto, los sedimentos de esta Unidad aparecen ligeramente inclinados buzando hacia el norte, aunque con menor inclinación que las calizas cretácicas sobre las que se apoyan en un claro ejemplo de discordancia fácilmente observable en el campo.

Sobre esta unidad se dispone, también de forma discordante, la Unidad del Páramo Inferior. Esta ocupa una mayor extensión en las zonas medias y altas de la vertiente norte del río. Junto a los materiales cretácicos del borde de cuenca esta unidad se encuentra representada por un potente conjunto de conglomerados con grandes clastos de carbonatos que hacia el norte pasan a niveles de areniscas y lutitas rojas, y culmina con un potente nivel de calizas que forma un páramo amplio y relativamente horizontal. Los conglomerados de esta unidad, muy distinguibles en Peñarrubia y Peña Portillo, se caracterizan por estar formados por múltiples niveles horizontales y muy continuos que dan pequeños resaltes horizontales y sobre los que sobresalen los numerosos cantos semirredondeados procedentes de la erosión de los materiales cretácicos de la Sierra de Pradales y transportados hasta aquí por los antiguos abanicos aluviales.

Una de las características más singulares de estos conglomerados es que muestran una geometría en abanico de capas o lo que es lo mismo muestran una disposición divergente de estratos que se ensanchan y se abren hacia el norte similar a la forma de un abanico. Esta geometría singular indica que durante su depósito la Sierra de Pradales continuaba elevándose lo que se contrapone con la disposición horizontal de las calizas superiores de la unidad que sugiere que este levantamiento cesó o se ralentizó significativamente hacia el final de la sedimentación de la unidad. Esta característica geometría en abanico de capas es visible en la zona de la Peña del Portillo, donde los estratos se encuentran ligeramente inclinados buzando hacia el norte, pero también junto a la carretera SG-V-9321 al sur de Montejo de la Vega de la Serrezuela.

En la base de esta unidad, en la ladera sureste del cerro de la Atalaya medieval de Montejo de la Serrezuela, se localiza el yacimiento paleontológico de Montejo de la Vega. Este fue descubierto por el geólogo Ildefonso Armenteros (actual catedrático emérito de Geología en la Universidad de Salamanca) durante sus trabajos de tesis doctoral y posteriormente estudiado por especialistas del Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde se conservan los materiales. Este yacimiento destaca por su rica asociación de vertebrados, principalmente mamíferos, entre los que se han identificado mastodontes, suidos y rumiantes como el género Eotragus. La abundancia de pequeños mamíferos ha permitido una datación precisa del yacimiento en torno a los 14 millones de años, dentro del Mioceno medio. Este hallazgo paleontológico constituye un testimonio más de la riqueza científica que encierran las Hoces del río Riaza, reconocida oficialmente mediante la inclusión de este yacimiento en el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico bajo la denominación DU070-Yacimiento de vertebrados del Aragoniense de Montejo de la Vega.
Las Hoces del río Riaza son, en suma, un paisaje que condensa millones de años de historia geológica. Desde los antiguos fondos marinos del Cretácico Superior, cuyos sedimentos carbonatados forman hoy las imponentes paredes de la Hoz, pasando por el levantamiento alpino de la Sierra de Pradales, hasta los abanicos aluviales cenozoicos que rellenaron la gran cubeta endorreica de la cuenca del Duero. El río Riaza, al encajarse y erosionar estos materiales en las etapas más recientes del exoreismo de la cuenca, ha actuado como el último escultor de este paisaje, dejando al descubierto las huellas de todos estos procesos y permitiéndonos hoy interpretar y reconstruir la historia geológica de este singular lugar de gran valor geológico y paisajístico. Un patrimonio natural que merece ser conocido, preservado y disfrutado.
Para saber más:
- Armenteros, I. (1986). Estratigrafía y Sedimentología del Neógeno del sector suroriental de la Depresión del Duero. Ediciones Diputación de Salamanca, 471 p.
- Díez-Herrero, A. y Martín-Duque, J.F. (2005). Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia. En: Abella Mardones, J.A.; Salinas, B. y Yoldi, L. (Coords.), Colección Hombre y Naturaleza, VII. Ed. Junta de Castilla y León, 464 págs. ISBN 84-9718-326-6; D.L.: S. 1.752-2005. DOI: 10.5281/zenodo.4309849
- Mazo, A. V.; Made, J. van der; Jordá, J. F.; Herráez, E. y Armentero, I. 1998 Fauna y Bioestratigrafía del yacimiento Aragoniense de Montejo de la Vega de la Serrezuela (Segovia)», Estudios Geológicos, 54, 231-248.
- Nozal, F., López Olmedo, F., Montes Santiago, M., Luengo, J., Martín-Serrano, Á. y Herrero, A. (2006). El Terciario del Sector SE de la Cuenca del Duero. Borde Norte del Sistema Central. En P. Huerta Hurtado, I. Armenteros Armenteros, Á. Corrochano Sánchez, F. Colombo Piñol, A. Rico García, & J. Á. González Delgado (editores), Geo-Guías 2: Itinerarios geológicos por la Cuenca del Duero. Sociedad Geológica de España.
- Nozal, F. y Montes, M.J. (2004): Relaciones estratigráficas y sintectónicas de los conglomerados miocenos de Montejo de la Vega (borde SE de la cuenca del Duero). Geogaceta 36, 91-94.
- Nozal, F. y Rubio, F.J. (1996) Mapa Geológico de España 1:50.000, hoja n° 375 (Fuentelcésped). IGME, Madrid.

