(extracto de un cuadro temático del capítulo de libro ‘La Gea y la Historia de Segovia‘; Díez-Herrero, 2019)

Carbonero El Mayor está situado en una auténtica encrucijada, no sólo de carreteras, sino de conjuntos geológicos; por lo que no es extraño que en las inmediaciones de la Villa puedan encontrarse más de media docena de tipos de rocas diferentes, tan dispares como pizarras o arenas silíceas, y con edades que abarcan desde los 600 millones de años (pizarras proterozoicas a cámbricas) a apenas unas decenas de miles (arcillas, limos, arenas y gravas de fondo de vaguadas cuaternarias).

Bloque-diagrama tridimensional del contexto geológico de Carbonero el Mayor y La Mina (línea roja). Fuente: Díez-Herrero (2006).

La Mina de Carbonero (Díez-Herrero, 2006) es una galería drenante que ha sido asimilada a los antiguos qanats de origen islámico (Rodríguez 2008; Fernández Escalante 2010); se trata, por lo tanto, de una obra de ingeniería hidráulica perfectamente planificada y con notable éxito de ejecución, bien fruto de una experiencia acumulada durante siglos, bien de sucesivos intentos por el método de prueba-error. La galería que sirve para drenar y extraer a superficie las aguas subterráneas aprovecha al máximo las posibilidades que existen de las mismas en el subsuelo de Carbonero. De los diferentes conjuntos de rocas del entorno de esta localidad, las pizarras pueden considerarse prácticamente impermeables, y sólo constituyen acuíferos por fisuración, esto es, cuando están muy fracturadas y agrietadas, y además de escaso caudal para pozos comunes; los depósitos aluviales (tobas), constituyen buenos acuíferos, pero muy heterogéneos (anisótropos), y con el nivel freático muy profundo en Carbonero como para realizar galerías de captación. Por lo tanto, el aprovechamiento de las aguas subterráneas en Carbonero debía dirigirse hacia el resto de conjuntos geológicos.

Corte geológico idealizado del contexto general de La Mina de Carbonero el Mayor. Fuente: Díez-Herrero (2006).

La Mina, aunque la galería se desarrolla bastantes metros en la toba, es una obra claramente dirigida a la extracción de las aguas subterráneas aprovechables de los conjuntos cretácicos y cuaternarios sobre los que se asienta la Villa y los alrededores. La galería llegó a excavarse hasta alcanzar en profundidad las arenas silíceas y arcillas, pero no en cualquier punto, sino justo debajo de las arenas y arcillas del arroyo de la Adobera, y en las proximidades de la falda noreste de La Muela, al objeto de recoger todas las aguas subterráneas infiltradas y circulantes por estos tres conjuntos. Las arenas silíceas y arcillas cretácicas (llamadas miembro Segovia de la formación Utrillas) se comportan en conjunto como un acuitardo, esto es, como un conjunto de rocas capaces de albergar agua en sus poros, pero incapaces de transmitirlo a una captación, por ejemplo, un pozo. Sin embargo, en detalle, los niveles más arenosos son bastante permeables y permiten circular el agua lentamente entre los granos de arena, constituyendo auténticos acuíferos de escaso espesor. Con la llegada de la galería hasta estos niveles en el sector de las calles Santiago y arroyo Adobera, lo que se perseguía es cortar la mayor cantidad de estos niveles arenosos acuíferos, y así trasladar su contenido en agua a la galería. Las rocas carbonáticas cretácicas (areniscas, calizas, dolomías y margas) de La Muela y sus inmediaciones, desde el punto de vista geológico se comportan como un acuífero kárstico, esto es, el agua se encuentra en fisuras y grietas ensanchadas a modo de pequeñas cavidades por la disolución de la roca. Todo el agua de lluvia y fusión de nieve que se infiltra en esta zona circula siguiendo la disposición de los bancos de la roca hacia el noreste y, cuando llega a las inmediaciones de Carravilla, mediante las fallas y por erosión, recarga de agua las arenas silíceas y las arenas cuaternarias, contribuyendo así a los aportes subterráneos de La Mina. Por último, el relleno de fondo de la vaguada de lo que en su día fue el arroyo de la Adobera, hoy ocupado por el sector occidental de la Villa, se comporta como un pequeño y discontinuo acuífero detrítico, recargando con su infiltración, los niveles de arenas silíceas y arcillas subyacentes que alimentan La Mina. En definitiva, todos los conjuntos geológicos del entorno de Carbonero, susceptibles de tener aguas subterráneas y de transmitirlas en cantidades significativas, terminan por drenar a La Mina, con lo que se consigue la máxima eficiencia de la obra.

Galería principal de La Mina, abierta en ‘la toba’ en los primeros metros desde la boca del pilón. Foto: Guillermo Herrero (2006).

En la disposición de La Mina y los elementos que contiene no hay nada casual o superfluo, sino por el contrario toda una serie de ingeniosos sistemas para asegurar un caudal de agua con cierta constancia y además con adecuada calidad. La excavación requirió comenzar perforando varias decenas de metros en la toba, a pesar de que se sabía con certeza que en estos materiales el nivel freático está más profundo y por tanto son estériles desde el punto de vista hidrogeológico para su captación mediante galerías poco profundas. El motivo de esta decisión es únicamente la búsqueda de un punto topográficamente más bajo que la cota a la que se sitúa el nivel freático en el fondo de la galería; lugar que únicamente se localizaba próximamente en la vaguada de este arroyo. El sistema de excavación, con técnicas mineras convencionales manuales, requería la evacuación de estériles; labor que se vio facilitada mediante la construcción de pozos verticales de evacuación (mediante simples tornos de mano), posteriormente cegados con relleno y sustentados en el techo de la galería con arcos fajones o bóvedas de ladrillo; y en superficie muchas veces tapados con una laja de piedra (pizarra o caliza), por si fuera preciso reabrirlos con posterioridad. A la vez servían para ventilar la galería, evacuar gases de las velas, candiles y carbureros, y facilitar el avance de los trabajos.

Corte geológico idealizado de detalle de los elementos de La Mina de Carbonero el Mayor. Fuente: Díez-Herrero (2006).

A medida que se avanzaba hacia el conjunto de arenas silíceas y arcillas cretácicas comenzaron a surgir los primeros problemas de estabilidad geotécnica de la galería, motivados por la escasa coherencia de los materiales y la existencia de cada vez mayor abundancia de agua subterránea en la zona no saturada. Estos problemas se solventaron primero poniendo una bóveda de ladrillo soportada por muros de mampostería, y luego mediante una cubierta formada por losas y lajas de pizarra. Aún así, en las proximidades del contacto entre las tobas y las arenas silíceas, y justo bajo la vaguada del arroyo de la Adobera, se produjo un colapso de la galería, a pesar del cual el flujo de agua se abrió camino entre los bloques y tierras.

Galería principal de La Mina, abierta en las arenas silíceas y arcillas de la formación Utrillas del Cretácico superior, donde a pesar de los muros de mampostería se producían frecuentes derrumbes. Foto: Guillermo Herrero (2006).

El final de la galería está en las arenas silíceas y arcillas, por lo que para evitar su desmoronamiento y continuo fluir, se taponó con una acumulación de bloques que, a la vez, servían de filtro o tamiz para estabilizar el agua y decantar los primeros elementos en suspensión (arcillas y limos). El agua que circula por la galería lo hace directamente en superficie del lecho de la misma, en el tramo en que discurre por las arenas silíceas y arcillas y por lo tanto sobre el nivel freático local, ya que no hay riesgo de que se infiltre. En cuanto entra en la zona de toba, con nivel freático más profundo, para evitar que se infiltre, se conduce mediante tubo cerámico ligeramente enterrado en la solera. Como abundan las arcillas y los limos, tanto en el conjunto de origen (arenas silíceas y arcillas) como en la matriz de la toba, el agua arrastra en suspensión pequeñas cantidades de los mismos. Para evitar que llegue con turbidez a la fuente y el pilón, se dispusieron periódicamente casi una treintena de arquetas prismáticas que interrumpen el tubo cerámico. A la vez que hacen descender la velocidad del flujo y facilitan la decantación de las arcillas y limos, sirven de registro para el control de posibles obstrucciones y fugas en el conducto entre dos arquetas consecutivas.

Reconocimiento técnico de La Mina de Carbonero por geólogos (Andrés Díez Herrero) y técnicos municipales (Primitivo Rodríguez) en el año 2006, para documentar la exposición temporal sobre la misma que se organizó en los locales municipales de Carbonero El Mayor. Foto: Guillermo Herrero (2006).

Por último, llama la atención la existencia de ciertos tramos de galería iniciados y aparentemente inacabados o inconexos con el sistema, como los existentes bajo el último pozo aguas arriba. Probablemente se trate de intentos fallidos en el trazado de la galería que, no teniendo en cuenta la posición del nivel freático y del punto de salida final, subestimaron la profundidad a la que había que trazarla. Del mismo modo, tramos de la galería en la toba en los que la bóveda tiene una altura notable y con bruscos cambios de altura, pueden corresponder a trazados iniciales que luego hubo que sobreexcavar para alinearlos con el trazado definitivo. Su existencia plantea dudas acerca de que la excavación de la galería en la toba fuera unidireccional, esto es, se comenzara desde la fuente únicamente o, por el contrario, se hiciera simultáneamente desde varios de los pozos de evacuación de estériles.

Caño y pilón de la fuente ubicada al final de la galería de La Mina de Carbonero, como abrevadero de ganado y para antiguo abastecimiento a la población. Foto: José Manuel Cófreces; en Díez-Herrero (2019).

Se tiene constancia de la existencia histórica de galerías drenantes, aunque de menores dimensiones que la de Carbonero el Mayor, en diversos pueblos de la provincia, como Espirdo y otras localidades del piedemonte.

Para saber más…

Díez-Herrero, A. (2006). La Mina de Carbonero El Mayor. Informe técnico y material gráfico (bloque diagrama y cortes geológicos) para exposición divulgativa. Ayuntamiento de Carbonero El Mayor, 4 pp. + 3 gráficos (inédito).

Díez Herrero, A. (2019). La Gea y la Historia de Segovia. En: Martínez Caballero, S. (Coord.), Historia de Segovia y su provincia, Vol. 1, La Gea. La Prehistoria. La Protohistoria, cap. 1, pp. 18-154, Diputación de Segovia, Segovia, 604 pp.

Fernández Escalante, E. (2010). Caminitos del Agua. Tres rutas hidrogeológicas en la provincia de Segovia. Ed. GRAFINAT-Método Gráfico, Madrid.

Rodríguez, P. (2008). La Mina de Carbonero el Mayor. En: Hermosilla Pla, J. (Coord.), Las galerías drenantes en España. Análisis y selección de qanat(s). Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino, Madrid, pp. 179-186.