Montón de Trigo, de Paja y de Tamo

(Extracto del libro «Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia»; Díez Herrero y Martín Duque, 2005)

Montones y otones

Las campiñas segovianas están salpicadas por cerros cuya altura sobresale notablemente respecto al entorno alomado y de formas suaves. Se trata de los montones y otones, en clara alusión a su morfología y altura, que recuerda a las acumulaciones o amontonamientos de productos que se hacen en las labores agrícolas de las campiñas.

En su mayor parte se trata de ‘cerros testigo’, esto es, elevaciones que nos sirven como testigo o certificación de la altura que, en algún momento, alcanzó toda la campiña circundante. Efectivamente, hace varios miles de años, el relleno de la campiña alcanzaba la misma cota que la culminación de estos cerros y, aunque parezca increíble, fueron los arroyos y ríos los que con su lento trabajo erosivo han ido desgastando el ingente volumen de material que falta entre los cerros. Así pues, los montones y otones son el único residuo que nos queda de las antiguas superficies, por lo que también reciben la denominación de ‘relieves residuales’. Además, si aparecen aislados, separados de otros relieves o cerros, con una llanura circundante, reciben el nombre de “montes isla”.

El hecho de que precisamente se hayan conservado los cerros en esa posición y no en otras, puede deberse a varios motivos: por situarse lejos de cualquier arroyo o río que erosione la zona, como por ejemplo en una posición elevada en el centro del interfluvio de dos ríos importantes (relieves residuales de posición); debido a que estén formados por rocas más resistentes a la erosión que el resto de las rocas circundantes (relieves residuales de resistencia); por tener rocas más resistentes en la parte superior del cerro, que sirvan de protección a modo de tapadera de los materiales infrayacentes; o cualquiera de las posibles combinaciones entre las circunstancias anteriores. Entre dichos cerros, dos conjuntos han dado nombre a parajes y localidades, e incluso sus formas han generado leyendas populares: los montones de Trigo, Paja y Tamo de Torredondo-Valverde de Majano; y los otones de Otones de Benjumea.

Montón de Trigo, de Paja y cerro del Tamo

Los montones de Trigo, Paja y Tamo, como es sabido, reciben estos nombres ya que sus formas recuerdan, respectivamente, a las acumulaciones de granos, cañas y fibras que se producían en las eras cuando se aventaba la parva tras la trilla: la primera, de base estrecha y terminación puntiaguda; la segunda, más ancha y de culminación alomada; y la tercera, mucho más baja, dispersa y redondeada. Se trata de cerros testigo cuyas culminaciones (a 983, 984 y 942 m, respectivamente) enlazaban originalmente entre sí y con los relieves circundantes (La Mesa, Alto de la Gaitana…). Al situarse en el interfluvio Milanillos-Eresma, tan sólo algunos afluentes estacionales han sido capaces de erosionar sus inmediaciones, como el arroyo de Valdepoyos, cuyo valle es el responsable de que quedasen separados los montones de Trigo y Paja.

Los cerros del Montón de Trigo (arriba en el centro la foto) y el Montón de Paja (abajo a la derecha) constituyen dos magníficos ejemplos de cerros testigo situados en el interfluvio entre los ríos Milanillos y Eresma, que nos marcan hasta dónde llegó el relleno de sedimentos, posteriormente erosionado por la acción de ríos y arroyos. (Foto: A. Carrera)

Las bases de los tres cerros están constituidas por los materiales más deleznables y erosionables, fundamentalmente arenas y arcillas, de ahí topónimos como Los Barros o Pedazo Barreno; las culminaciones están constituidas por bloques, cantos y arenas, más resistentes, por lo que han servido de protección o tapadera a los infrayacentes.

Corte geológico simplificado entre Hontoria y la ermita de la Virgen de La Aparecida (Valverde del Majano). Como se puede apreciar , las cumbres de ‘los montones’ (Montón de Trigo, Montón de Paja y Cerro de Tamo) formaron hace tiempo una misma superficie del terreno (línea discontinua), como se deduce de sus similares altitudes y de la correlación entre las capas o niveles de roca que los constituyen (líneas punteadas). La posterior incisión de los arroyos y ríos formó amplios valles que dejaron individualizados los tres cerros.

El origen de algunos cerros, oteros, montones y otones también se asocia a leyendas y cuentos, como la popular parábola del Montón de Trigo y Paja, según la cual los cerros otrora estaban constituidos por grano y paja y fueron transformados en roca por castigo divino a un hombre rico al no socorrer a un pobre.

Para saber más…

Díez Herrero, A. y Martín-Duque, J.F. (2005): Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia. En: Abella Mardones, J.A.; Salinas, B. y Yoldi, L. (Coords.), Colección Hombre y Naturaleza, VII. Ed. Junta de Castilla y León, 464 pp.


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