Hoy, 15 de marzo de 2022, buena parte de la península Ibérica ha amanecido inmersa en una densa calima, consecuencia de la llegada de vientos de procedencia meridional cargados de partículas sólidas arrastradas en suspensión desde el norte de África (posiblemente desde Chad, Libia, Argelia y Marruecos) por la perturbación ciclónica de origen atlántico llamada por las organizaciones meteorológicas ‘Celia’.

En todos los medios de comunicación y redes sociales se ha reproducido el nombre de «polvo sahariano» para denominar a esas partículas, cuyo depósito ha cubierto nuestras calles, vehículos, edificios y cualquier lugar expuesto. Han sido llamativas las imágenes y videograbaciones de la nieve de las cumbres de la Sierra de Guadarrama y las pistas de las estaciones de esquí cubiertas por estas partículas de colores ocres.

Cumbre del pico Peñalara hacia la vertiente segoviana (cartel que señaliza el camino hacia La Granja de San Ildefonso), con nieve y hielo cubierto de partículas ocres de deposición eólica. Autor: Kaiku (@kaikuland en Twitter); aunque se ha encontrado sin autoría (o recortada), circulando por mensajería móvil (whatsapp) y redes sociales.

Pero si entendemos por ‘polvo’ a las partículas que habitualmente se depositan en el interior de los edificios, compuestas por restos de fibras textiles de la ropa, fragmentos de cabellos humanos y otras partículas finas, acompañadas de ácaros y otros organismos, en realidad lo que se está depositando estos días no sería ese polvo.

Sería más correcto, dado que su composición es fundamentalmente inorgánica (partículas finas de minerales y rocas), denominarlo ‘polvo mineral‘ o arcilla, puesto que este es el tamaño de partícula (inferior a 0,002 milímetros) que predomina en esta roca sedimentaria, detrítica, no consolidada ni cementada; aunque también puede tener tamaño limo (entre 0,05 y 0,002 mm), sobre todo en las partes más próximas al área fuente (en este caso, el sur de la península Ibérica).

Muestra de arcilla eólica recogida de la superficie de vehículos aparcados en las calles de la ciudad de Segovia el martes 15 de marzo de 2022.

Cuando forma acumulaciones sedimentarias importantes, sobre todo asociadas a la removilización por el viento desde zonas glaciares y periglaciares, reciben el nombre de loess. Se depositaron en grandes cantidades al final de la última fase glacial en Centroeuropa, China y, en menores extensiones, en zonas interiores de la península Ibérica, como sectores de La Mancha y el valle del río Tajo.

Los equipos de especialistas en deposición de partículas atmosféricas (como los integrados en los proyectos DONAIRE o POSAHPI, coordinados ambos por el Dr. Jorge Pey Beltrán) han determinado que estas arcillas y limos eólicos de procedencia sahariana están compuestos mayoritariamente por carbonatos de calcio y magnesio (calcita y dolomita), cuarzo (sílice u óxido de silicio; hasta el 60%), feldespatos, filosilicatos (grupo de las arcillas, como illitas o esmectitas), óxidos de hierro, manganeso, titanio, vanadio…

Muestra de arcilla eólica recogida de la superficie de vehículos aparcados en las calles de la ciudad de Segovia el martes 15 de marzo de 2022.

La presencia de calcita en este depósito puede ser comprobada con un sencillo experimento, añadiendo unas gotas de ácido clorhídrico diluido (que puede comprarse como ‘agua fuerte’ o salfumán en cualquier droguería o supermercado), y comprobando cómo se produce la reacción química con efervescencia, como muestra este sencillo vídeo.

Evidentemente, como se ha advertido desde diferentes ámbitos sanitarios, la inhalación de estas partículas tan finas (PM10; Querol et al., 2009) puede resultar perjudicial para la salud (incluso aumentar la mortalidad a largo plazo; Ostro et al., 2011), especialmente para las personas con enfermedades respiratorias crónicas.

También se ha especulado notablemente en las últimas horas acerca de las propiedades de este depósito como fertilizante de terrenos agrícolas. Evidentemente, si es beneficioso, no lo es tanto por su composición o contenido en nutrientes (ya que es muy parecida a la de cualquier suelo edáfico de la península Ibérica), o por su cantidad (que no llegaría a una simple enmienda edáfica), sino por el tamaño de partícula (arcillas o limos), que lo hacen más fácilmente asimilable por los vegetales.

Como están repitiendo los medios, no es la primera vez que se produce este depósito (en el año 1936 vino acompañado de lluvia, conocida como ‘lluvia de sangre’, y fue interpretado como una señal divina relacionado con el inicio de la Guerra Civil), no será la última (quizás hasta será más frecuente como consecuencia del cambio climático; Pey et al., 2011) y sobre todo, la llegada de vientos desde el norte de África, no es la única causa de la llegada aérea y depósito de polvo mineral o arcillas en Segovia.

También desde volcanes lejanos

La explosión del volcán Tambora (Indonesia) en abril de 1815 oscureció Europa y difuminó el verano del año 1816, en el que la escritora londinense Mary Shelley y su compatriota poeta Lord Byron se refugiaron de la lluvia y los cielos tenebrosos en una mansión a la orilla del lago Lemán, al norte de los Alpes; donde se dice que a Shelley se le ocurrió el personaje de Frankenstein y Lord Byron escribió el poema Oscuridad. Pero también tuvo su reflejo en Segovia (Díez-Herrero et al., 2020), porque ese invierno, la ceniza del volcán trasladada por la circulación atmosférica hasta el centro peninsular, hizo que en el Guadarrama cayera nieve ligeramente rosada, lo que suscitó todo tipo de explicaciones legendarias y expresiones literarias. El mito de la caída periódica de la “nieve rosa” o “nieve roja” del Guadarrama se mantuvo en el conocimiento popular (por ejemplo, en la leyenda de la nieve roja de la laguna de Peñalara) hasta que un siglo después, se diera una explicación científica a la coloración de la nieve, asociada a microorganismos, en el ensayo titulado “La nieve roja del Guadarrama”, publicado en la revista Cultura Segoviana (Rodríguez Rosillo, 1931).

Algo semejante ocurrió con la erupción del volcán Krakatoa en 1883, tras la que los altos niveles de ceniza en la atmósfera produjeron espectaculares ocasos durante los años siguientes, rasgo que se ha sugerido que también tuvo repercusión en algunas de las pinturas de los paisajes segovianos de finales del siglo XIX (como ocurrió con las pinturas de J. M. W. Turner tras la erupción de 1815).

Para saber más ….

Díez Herrero, A., De Marcelo Rodao, G., Díez Herrero, A. y Escobar Burgueño, A. (2020). Los
desastres naturales en la cultura tradicional segoviana
. Memoria final de la VII convocatoria de
las Becas de investigación etnográfica 2019 del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana
‘Manuel González Herrero’, Diputación de Segovia, Segovia, 630 pp. (inédito; en prensa).

Ostro, B., Tobias, A., Querol, X., Alastuey, A., Amato, F., Pey, J., Pérez, N. y Sunyer, J. (2011). The Effects of Particulate Matter Sources on Daily Mortality: A Case-Crossover Study of Barcelona, Spain. Environmental Health Perspectives, 119 (12). https://doi.org/10.1289/ehp.1103618

Pey, J., Querol, X., Alastuey, A., Forastiere, F. y Stafoggia, M. (2011). African outbreaks over the Mediterranean Basin during 2001-2011: PM10 concentrations, phenomenology and trends, and its relation with synoptic and mesoscale meteorology. Atmos. Chem. Phys., 13, 1395–1410, 2013. https://doi.org/10.5194/acp-13-1395-2013

Querol, X., Pey, J., Pandolfi, M., Alastuey, A., Cusack, M., Pérez, N., Moreno, M., Viana, M., Mihalopoulos, N., Kallos, G., Kleanthous, S. (2009). African dust contributions to mean ambient PM10 mass-levels across the Mediterranean Basin. Atmospheric Environment, 43 (28), 4266-4277. https://doi.org/10.1016/j.atmosenv.2009.06.013

Rodríguez Rosillo, A. (1931). La nieve roja del Guadarrama. Cultura Segoviana, 13-17.