¿Se puede aterrar Puente Alta?

Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, aterrar, en su tercera acepción, es «cubrir con tierra». Y esto es lo que ocurre, en mayor o menor grado, en el lecho de los embalses (‘pantanos’) que represan los ríos y arroyos, interrumpiendo el transporte natural de sedimentos en los cauces (cantos, gravas, arenas, limos y arcillas; y restos vegetales de hojas, ramas, troncos, corteza, piñas, etc.) y facilitando su depósito en el fondo del vaso del embalse, que se va cubriendo de capas de sedimento. En ocasiones el aterramiento es tan rápido y cuantioso que disminuyen la capacidad de almacenamiento de los embalses, reduciendo su vida útil, y produciendo problemas de calidad de las aguas (turbidez, eutrofización, anoxia, etc.).

El embalse de Puente Alta, construido en la década de 1950 en el arroyo de la Acebeda o alto río Frío (situado en las proximidades de la localidad de Revenga, municipio de Segovia), no es una excepción, y en estas siete décadas de funcionamiento ha ido reteniendo los sedimentos que transportaba esta corriente fluvial desde su cuenca hidrográfica de unos 22 km2 de superficie.

Esquema geomorfológico de la cuenca hidrográfica del embalse de Puente Alta. Fuente: Bodoque et al (2001).

¿Cuánto sedimento se acumuló en el fondo de Puente Alta?

En la década de 1990, con la puesta en funcionamiento del nuevo embalse del Pontón Alto en el río Eresma, el Ayuntamiento de Segovia tuvo ocasión de acometer grandes obras de restauración y mejora de la presa y embalse de Puente Alta. Se impermeabilizó y reforzó el paramento de la presa, se desobstruyeron los órganos de desagüe y se extrajo todo el sedimento y materia orgánica acumulada en el vaso de la presa, que formaba una capa que iba desde unos pocos centímetros, hasta cerca de 3 metros.

Vista aérea oblicua del embalse de Puente Alta vaciado para el inicio de las obras de impermeabilización del paramento en el verano de 1995. Fuente: Bodoque et al (2001).

Con este motivo, se pudo cubicar los millares de metros cúbicos de sedimento que sacaron los camiones del fondo del embalse y el peso del mismo, y estimar el aterramiento que había sufrido en esas primeras cuatro primeras décadas de funcionamiento (1955-1995). Los resultados de la evaluación directa de los sedimentos fueron:

  • Volumen estimado de aterramiento en el vaso del embalse (1955-1995)= 40.000 m3
  • Coeficiente de retención de sedimentos (Brown, 1943) = 99,6 %
  • Volumen total evacuado desde la cuenca = 40.161 m3
  • Peso total de los sedimentos acumulados 1955-1995 = 62.370 toneladas
  • Degradación específica media de la cuenca = 71 t/km2·año

¿Se puede saber de dónde venía ese sedimento?

Aprovechando esa estimación directa del aterramiento del fondo del embalse, un equipo de profesores e investigadores de las universidades Complutense de Madrid y de Castilla-La Mancha (Bodoque et al., 2001; Bodoque, 2006), realizaron un estudio de evaluación indirecta de la erosión en la cuenca, empleando fórmulas empíricas y cartografía temática en formato digital (modelo digital de elevaciones, mapa geológico, mapa de cultivos y aprovechamientos, mapa forestal…). Más concretamente utilizaron la formulación mundialmente conocida como USLE, que corresponde al acrónimo de «Universal Soil Loss Equation» (Ecuación Universal de Pérdida de Suelo). Esta fórmula utiliza diferentes variables que influyen en que cada sector del territorio se produzca mayor o menor erosión como: erosividad de la lluvia (R), pendiente del terreno (S), longitud de la ladera (L), tipología de vegetación y cultivos (C), prácticas agrícolas y forestales (P) y de conservación (K)… Una vez reclasificadas y cartografiadas para la cuenca, se multiplican los valores de las variables para obtener el peso total de material que se erosionará en cada sector del territorio en toneladas por hectárea cada año.

Esquema metodológico del estudio de la erosión y acumulación de sedimentos en la cuenca del embalse de Puente Alta. Fuente: Bodoque et al (2001).

Tras muchos cálculos y cruces de mapas digitales usando un sistema de información geográfica, los resultados obtenidos fueron: una tasa de erosión media estimada (USLE) = 7 t/ha/año; lo que corresponde a una tasa de erosión bruta (1955-1995) = 273.834 toneladas.

Pero claro, no todo este peso de material erosionado en las laderas de la cuenca de Puente Alta llegan al embalse, sino que gran parte del sedimento queda retenido en la propia ladera, al pie de la misma, en los fondos de los valles de los arroyos, o en el cauce del río antes de llegar al embalse. Por ello, esas cantidades hay que reducirlas con un parámetro que se denomina coeficiente de entrega (CE), que para esta cuenca del embalse de Puente Alta se estimó, mediante la fórmula de Avendaño et al. (1994), en el 22%. Por lo que lo que llegaría al embalse serían unas 69 t/km2·año, cifra muy parecida a la de la estimación directa.

Y ¿Para que sirve todo esto?

El conocimiento de las tasas de erosión y de aterramiento de los embalses son fundamentales para la prevención de los mismos y alargar la vida útil de las presas. Pero además son útiles para la gestión de la cuenca, dado que la erosión es diferente en los distintos sectores con diferente precipitación, pendiente, vegetación o prácticas forestales. Por ejemplo, la erosión en la cuenca de Puente alta varía mucho en las zonas con diferentes tipos de vegetación:

· Masa forestal densa = 0,4 t/ha·año

· Pastizal = 0,5 t/ha·año

· Masa forestal media = 7 t/ha·año

· Matorral = 15 t/ha·año

· Cubierta inapreciable = 70 t/ha·año

Pérdidas medias anuales de suelo (t/ha/año) en la cuenca del embalse de Puente Alta. Fuente: Bodoque et al (2001).

Con esta información, los gestores pueden tomar decisiones de actuar sobre las zonas que producen mayores tasas de erosión para reducirla, por ejemplo revegetando las superficies desnudas. Pero todo ello con estudios complementarios, ya que el favorecimiento de la vegetación en la cuenca puede conllevar la reducción de los recursos hídricos y por lo tanto las aportaciones de caudales al embalse. Como todo, requiere un estudio multidisciplinar e integral, para que la gestión conjunta de la cuenca del arroyo de la Acebeda y el embalse de Puente Alta sea sostenible.

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