La geología de Segovia en muros, paredes, vallas y tapias de piedra

Desde tiempos ‘inmemoriales’ l@s geólog@s y aficionad@s a las ciencias de la Tierra hemos denominado ‘tapiología‘ al arte o truco de utilizar los muros, paredes, vallas y tapias de piedra que hay en una zona, para deducir la composición mayoritaria del subsuelo (allí donde aparece cubierto) o la presencia próxima de determinados tipos de rocas o minerales singulares.

Vallado en ‘calizas’ (dolomías y areniscas dolomíticas) en La Matilla. Fuente: Las raíces del paisaje (2005)

El motivo de esta ‘coincidencia’ entre la composición de las piedras de los vallados con las rocas del substrato próximo es un simple ahorro de esfuerzo, ya que tradicionalmente se tomaban los materiales más próximos para este tipo de construcciones de mampostería o sillarejo, por lo que eran buena muestra de su entorno más cercano. Así, en la sierra segoviana y su piedemonte los vallados eran de granito (piedra berroqueña), gneis (piedra centenera), filitas (pizarras), cuarcita… según la zona de la provincia. Mientras que en las lastras y páramos las tapias que separaban fincas eran de calizas (dolomías, areniscas dolomíticas, calizas, margas…). Solo en lugares concretos se utilizaban rocas menos extendidas, como el rodeno (arenisca) en La Serrezuela, las tobas o los paleosuelos en las comarcas de Sepúlveda y Pedraza.

Vallado en ‘piedra centenera’ (gneises) en el piedemonte de la Sierra de Guadarrama. Fuente: Las raíces del paisaje (2005)

Esta correlación ‘tipo de roca en el terreno-piedra usada’ es mayor en el caso de vallados, muros, tapias y paredes en las zonas rurales, donde tienen necesidad inmediata, menor valor y carácter provisional-temporal, que en incluso el caso de la arquitectura tradicional (pueblos rojos y negros) y que por supuesto en la arquitectura monumental de las zonas urbanas (acueducto, catedral…).

Correlación entre el tipo de rocas del substrato y la coloración predominante en la arquitectura tradicional de los pueblos de la Sierra de Ayllón segoviana. Fuente: Las raíces del paisaje (2005)

De esta correlación entre la tipología de las piedras de los vallados en Segovia y la naturaleza de las rocas del substrato ya se hizo eco en 2005 un apartado del libro ‘Las raíces del paisaje’ (páginas 362-369), en el que se presentó un breve muestrario tapias por la provincia. También en el libro ‘Guía de piedras de la Sierra de Guadarrama’ (2016) y en diversas publicaciones sobre etnogeología, historia y materiales de construcción en la provincia de Segovia.

Mapa de los materiales de construcción disponibles en cada sector de la provincia de Segovia y usos más habituales de los mismos, entre ellos la mampostería y sillarejo para los vallados. Fuente: Las raíces del paisaje (2005)

Incluso ha sido objeto de artículos breves en revistas (‘Tapiología o el paisaje reutilizado’; Barbadillo, 2020) y entradas en otras páginas web y blogs a nivel nacional (‘Tapiología. Reutilizando el paisaje’, Barbadillo, 2009).

Sin embargo, hay que tener cuidado en la aplicación directa de la tapiología, puesto que hay sectores de la provincia en los que no hay rocas susceptibles de ser utilizadas en los vallados, como la Tierra de Pinares y las campiñas septentrionales, en los que los pocos vallados de piedra están hechos con rocas traídas desde lugares distantes, no representativos de esos terrenos. También en tiempos modernos, con la mejora de los medios de transporte y la globalización de los flujos comerciales, nos podemos encontrar vallados hechos con rocas traídas de lugares distantes, incluso de otra provincia o país, donde se comercializan. Los actuales materiales de construcción suministran piedra para vallados traída de explotaciones distantes, con características idóneas para la construcción y estabilidad del vallado. Es más, desde hace tiempo se fabrican materiales artificiales que simulan vallados de piedra, con la repetición de motivos en aglomerados con resinas o cementos.

Muro reconstruido con materiales prefabricados de elementos repetitivos y con rocas que nada tienen que ver con el substrato donde están construidos. Tapia perimetral de la estación de ferrocarril convencional en un tramo de la acera de los números impares de la Carretera de Villacastín (Segovia).

La naturaleza y tipología de rocas empleadas también condicionan la idoneidad (o no) de estas piedras para construcción vallados, ya que de su forma cuando son recogidas en superficie o extraídas en explotaciones (canteras y pedreras), condicionará su capacidad para ser apiladas en el vallado y su estabilidad. Por ejemplo, las pizarras ofrecen fáciles superficies planares para el apilamiento, mientras que los gneises, con su foliación irregular, plantean más problemas para muros más altos sin aglomerantes (piedra seca). Los granitos y cuarcitas son preferibles cuando son extraídos aprovechando las diaclasas ortogonales, a cuando son recogidos como cantos o bloques redondeados en superficie o mantos de alteración. En el caso de las calizas se suelen aprovechar las superficies de estratificación y las roturas por diaclasas.

Vallado en ‘pizarras’ (filitas) en El Muyo. Fuente: Las raíces del paisaje (2005)

En ocasiones, las formas irregulares y poco apilables de algunos materiales (cantos rodados de cuarzo o cuarcita) son ‘compensados’ alternándolos o complementándolos con otros más fácilmente apilables, como pizarras.

Vallado en ‘guijos’ (cuarzos) y pizarras (filitas) en Melque de Cercos.

Los elementos tradicionales construidos en piedra seca (sin aglomerantes ni cementantes) han sido declarados patrimonio mundial por la UNESCO, y en determinados lugares constituyen auténticos patrimonios singulares, como en Menorca. También han sido estudiados desde el punto de vista de la tipología constructiva en la provincia de Segovia (‘Paredes’, Navas de San Antonio, 2022). Estos estudios y declaraciones patrimoniales deberían tener unos buenos informes geológicos que apoyen y justifiquen la singularidad de la piedra empleada y el porqué de su selección.

Pero no solo en las zonas rurales tenemos buenos ejemplos de vallados y muros de piedra. En las ciudades, además de los muros de sillería de edificios monumentales (acueducto, catedral, alcázar, palacios…) quedan aún resquicios de los antiguos muros perimetrales construidos con sillarejo o mampostería, y que son auténticos muestrarios de las rocas de su entorno. En Segovia es el caso del muro que delimita la estación de ferrocarril de ancho convencional en las calles Doctor Tapia (curiosa casualidad toponímica, que será objeto de otra entrada en esta web) y Carretera de Villacastín, un auténtico muestrario de tipos de gneises (glandulares, bandeados, crenulados…), que ha sido parcialmente (y lamentablemente) sustituida por materiales artificiales en un tramo de la Carretera de Villacastín.

Tapia perimetral de la estación de ferrocarril en la calle del Doctor Tapia y detalle de los bloques de diferentes tipologías y estructuras en los gneises.

O la tapia perimetral de la ermita del Cristo del Mercado, que conserva enormes bloques de gneises (ortogneises, paragneises…), rocas de silicatos cálcicos, areniscas, calizas y dolomías, etc.; buena muestra de que se encuentra en el lugar de contacto de varias formaciones rocosas del subsuelo de Segovia.

Muro perimetral de la ermita del Cristo del Mercado (Segovia) y detalle de un bloque de paragneises con granates centimétricos.

Os animamos a fijaros más a partir de ahora en las vallas, tapias y muros, para ver de qué piedras están hechas y su correlación con las rocas de la geología del entorno. Son un fantástico recurso didáctico para colegios e institutos y divulgativo para el público general. Seréis insignes tapiólog@s.