Otro entorno de la provincia de Segovia en el que ha sido frecuente el desarrollo histórico de movimientos del terreno documentados ha sido las hoces del río Duratón, sobre todo las denominadas hoces meridionales, entre Sepúlveda y Burgomillodo (Carrascal del Río).

En este sector, los altos escarpes (que en ocasiones superan los 100 m de desnivel), la desigual consistencia y tenacidad de las rocas carbonáticas (calizas, dolomías, areniscas, margas); su disposición estructural (en ocasiones verticalizada, inclinada o plegada); la presencia de superficies de discontinuidad (superficies de estratificación, laminaciones cruzadas, diaclasas, fallas); los procesos de karstificación (que generan poros, huecos, cavidades, abrigos y solapos en extraplomo); el clima continentalizado (con fuertes contrastes térmicos y ciclos hielo-deshielo frecuentes e intensos); los procesos fluviales de zapado de pie de escarpes (que generan balmas y extraplomos); y las acciones históricas antrópicas (deforestación, pastoreo, excavación de cavidades, construcción de edificios y cercados, etc.); han producido un secular desencadenamiento de todo tipo de movimientos (desprendimientos, vuelcos, deslizamientos, avalanchas, flujos), que en ocasiones han interferido con las actividades e instalaciones humanas.

Dos sectores conservan el mayor registro histórico documental de estos movimientos del terreno, coincidiendo con las inmediaciones del priorato de San Frutos (Carrascal del Río) y el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz (Sebúlcor), por tener presencia humana, posibilidad de registro documental y ser los más transitados en tiempos modernos. Ambos han sido objeto de estudios y recopilaciones recientes en el ámbito científico (Díez et al., 1996, Calonge y Díez Herrero, 2002; Tanarro, 2000; Tanarro et al., 2010; Tanarro y Muñoz, 2012; Tanarro et al., 2013; Sacristán y Vicente, 2018; Tanarro y Díez Herrero, 2018).

En el entorno del priorato de San Frutos, sobre todo a partir de la declaración de este espacio como parque natural en el año 1989, han sido frecuentes los testimonios gráficos de desprendimientos y caídas de rocas, fácilmente fechables por los numerosos visitantes y los cofrades.

Más antiguo es el registro histórico de desprendimientos en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, ya que se conservan descripciones del mismo y su entorno al menos desde el siglo XV, recopilados gracias a la obra de fray Felipe Vázquez, titulada Historia de nuestra señora de los Ángeles de la Hoz (1786). Se sabe que ocurrieron desprendimientos que afectaron al convento en tiempos de Isabel la Católica (finales del siglo XV) y se han venido sucediendo hasta el siglo XX. Efectivamente, «el 7 de septiembre de 1495, estando reunidos todos los frailes de la comunidad en el coro de la iglesia del convento, en el canto de maitines se produjo un derrumbe grande de un peñasco que se llevó por delante todas las dependencias conventuales, a excepción de la iglesia, con lo que no existieron desgracias personales» (Santa Engracia, 2005; p. 27). A su ayuda para la reconstrucción acudió la mismísima Isabel la Católica, que como devota de la Virgen, contribuyó a la reconstrucción de las dependencias, muchas de las cuales son las ruinas que se pueden observar aún hoy en día, con el escudo de armas de la reina.

Posteriormente debieron ocurrir otros desprendimientos, en los años 1786, 1834 y 1851 (Vázquez, 1786; Ballesteros, 1834; Pastor, 1851; Martín Postigo, 1980; Díez y Martín Duque, 2005; Santa Engracia, 2005; Tanarro et al., 2013; Sacristán y Vicente, 2018); hasta el acontecido en 1993 (o 1999, según otras fuentes), del que sí que se hizo eco la prensa local (El Adelantado de Segovia).

Para saber más…
Este texto es un extracto del libro «Los desastres naturales en la cultura tradicional segoviana» (Díez Herrero et al., 2022), en el que se pueden encontrar las referencias bibliográficas completas citadas e información adicional.
