Los cantiles rocosos que, a modo de anfiteatro natural, circundan el Santuario de la Virgen o Nuestra Señora de la Fuencisla (denominados Peñas Grajeras) constituyen en realidad la margen externa de un meandro encajado del río Eresma que, con anterioridad a su desvío, circulaba a los pies de este escarpe. Esta información es esencial para comprender la fisonomía de esta pared rocosa, y los procesos que la han formado.
Así, en periodos anteriores a la construcción del santuario (y en tiempos anteriores a la presencia humana en este territorio) el meandro del río Eresma erosionaba la base del acantilado en su margen externa, socavando la base de la ladera. Las rocas situadas por encima iban quedando en extraplomo, de manera que acababan desplomándose. Toda vez que el río fue desviado en el siglo XIX, e incluso con anterioridad, debido a la construcción del santuario, el río ya no excava más en esta ladera, lo que no impide que en ella hayan tenido lugar, y tengan, grandes desprendimientos de rocas.

Una prueba de la recurrencia de los desprendimientos en este paraje puede encontrarse en dos cuadros anónimos realizados en 1613, donados por el gremio de pesadores, ubicados en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, que representan y relatan sendos hechos milagrosos durante desprendimientos de rocas ocurridos en el siglo XVI en este lugar (en Díez y Martín Duque, 1993a; Díez y Martín-Duque, 2005, pág. 420):

«Año de Christo 1531 No se conviniendo con los canteros que cortasen p[ie]/dra para reparo de la hermita de repente cae la peña de do lo avian de cortar/ i cogiendo devaxo mucha gente a ninguno hiço mal».

«Año de Christo 1581 Arrancase un gran penasco de las grageras viene con furia/ velos sobre la hermitaasombranse los oientes y el sacerdote que dy/zemissa ruega a la Virgen Maria los remedie detienese el penasco en un/ vara de una çarçaa la ala de los tejados sin tocar a ellos».
En el libro de Tomás Baeza (1864) sobre la historia de la Virgen y el santuario, recoge entre los hechos milagrosos otro evento de desprendimiento, que fecha en 1535, pero que probablemente sea el mismo del cuadro fechado en 1531, por la similitud de la narración:
«En 1535 trataban de ampliar y reparar la ermita de la fuencisla, más no se pudo por exigir mucho los oficiales por sacar la piedra de la cantera. Cuando estos iban á comer, se desgajó del peñasco tan gran cantidad de la misma piedra que se deseaba, que hubo para la obra y para vender. Y aunque por ser día de mercado, pasaba mucha gente por el camino, á nadie hizo daño, encomendándose todos á la Virgen al ver caer las piedras. No es esta la única vez que se han desgajado los peñascos sin causar daños, cuando hacían falta piedras para obras».
Otro hundimiento, esta vez inducido, tuvo lugar en el año 1598 (Maldonado, 1611).
En la fachada de la Casa del Capellán (o Casa Rectoral) se conserva una placa conmemorativa de otro desprendimiento acontecido en 1725, y que no produjo daños, según la interpretación religiosa, gracias a la intercesión milagrosa de la Virgen:

«EN 4 DE NOBIENBRE DEL AÑO DE 1725/ SE DESGAJO DE ESTAS PEÑAS GRAGE/ RAS VN GRAN PEÑASCO Y TINIEN/ DO SU NATVRAL DESCENSO CONTRA/ ESTE SANTVARIO CAIO SIN HA/ CER DAÑO ALGVNO QVE FVE MILA[GRO]/ DE N[VESTR]A S[EÑOR]ADE LA FV[E]N[CIS]LA PATRO[N]A/ DE SEG[OVI]A».
En la noche del 14 de abril de 1852 se desprendió una enorme mole de piedra que sobresalía debajo de la ermita de San Juan de la Cruz, quedando esta casi a raíz del corte. Dos años después, en la madrugada del 10 de febrero de 1854, ocurrieron nuevos desprendimientos, aunque de menor intensidad. Ante tal situación, se decidió hacer nuevas obras, aligerando las rocas de las partes altas y rellenando el antiguo cauce del Eresma con el escombro de lo ya desprendido. Los trabajos se inauguraron el 16 de febrero de 1857.

En octubre de 1869 se produjo un desprendimiento entre el lateral noroccidental del santuario (actuales servicios públicos) y la fuente monumental, que fue registrado por el capellán Julián Casado en un documento en el que solicita al alcalde de la ciudad de Segovia una ayuda para la reparación de los destrozos (Rubio y Osa, 2000).
El suceso importante más reciente tuvo lugar la madrugada del 7 de abril de 2005, cuando al menos dos mil toneladas de roca se desprendieron de las Peñas Grajeras, destruyendo el edificio anexo al santuario de la Fuencisla e hiriendo a tres religiosas que se encontraban dentro.


Unos pocos días después, el 23 de abril de 2005 se produjo un nuevo desprendimiento de rocas en una zona muy próxima, en las inmediaciones de la puerta barroca de la carretera de Arévalo. En este caso, las rocas caídas alcanzaron a un vehículo que pasaba por la carretera en ese momento.

Con posterioridad a ese gran desprendimiento, se han producido otros (13-05-2008, 20-07-2008, 16-08-2012, 01-10-2012, 12-04-2013 y 26-01-2024) que han obligado a cortar algunas zonas a la circulación de personas y vehículos, y quedan otras muchas zonas inestables con insuficientes medidas de apuntalamiento.

Para saber más…
Este texto es un extracto del libro «Los desastres naturales en la cultura tradicional segoviana» (Díez Herrero et al., 2022), en el que se pueden encontrar las referencias bibliográficas completas citadas e información adicional. Especialmente interesante para ampliar la información de esta temática y zona es el libro y la excursión divulgativa «A todo riesgo. Convivir con los desastres geológicos cotidianos en Segovia» (Díez Herrero et al., 2021).

