La ermita románica de Nuestra Señora de las Vegas (Requijada), sobre una llanura aluvial en las proximidades de la confluencia del río Cega y el arroyo de la Vega (Santiuste de Pedraza), ofrece un ejemplo interesante de interacción entre procesos geomorfológicos y actividad humana histórica.
El edificio religioso se construyó entre finales del siglo XI o comienzos del XII, al parecer sobre los restos de una basílica paleocristiana del siglo V, y el asentamiento original podría ser incluso más antiguo, pues en los alrededores hay restos de una villa romana.

Desde que se construyó el edificio románico (nivel del terreno a comienzos del siglo XII), hasta principios de la década de 1970, fecha en la que se iniciaron trabajos de restauración en la misma, la iglesia quedó enterrada por unos 105 cm de arena (Moreno Sanz, 1989).



A partir de estos datos, en primer lugar, es posible obtener tasas de actuación de procesos geomorfológicos a partir de referencias históricas y espesores de sedimentación; en este caso, la tasa es de 1,2 mm/año. En segundo lugar, Moreno Sanz (1989) explica que esa tasa tan elevada tiene su origen en un incremento demográfico significativo, debido a la repoblación del siglo XI, y a una mejora de las técnicas agrícolas, que permitieron el aprovechamiento pascícola primero, y la roturación después, de las laderas del entorno de la ermita; también la extracción de arcillas y arenas, y la cantería en las laderas próximas podrían haber influido. En definitiva, el sobrepastoreo en las laderas adyacentes, junto con actividades extractivas tradicionales, habrían eliminado la cubierta vegetal, dejando el suelo (y en ocasiones el sustrato areno-arcilloso, muy fácilmente erosionable), al descubierto. En estas condiciones, la acción erosiva del agua de lluvia, sobre todo cuando precipitase en forma de aguaceros concentrados y lluvias torrenciales, habría originado una importante actividad erosiva en las laderas, formando regueros y cárcavas, visibles en toda la comarca. El agua cargada de sedimentos procedente de estas zonas habría sido evacuada a través de un colector principal, o arroyo, y sedimentada al pie de la ladera, debido al cambio de pendiente. Esta sedimentación habría ido construyendo periódicamente un pequeño abanico aluvial, o cono de deyección, que habría enterrado la iglesia.

En conjunto, la presión humana introdujo un cambio importante en la dinámica geomorfológica del entorno. Con anterioridad al aumento demográfico de la repoblación del siglo XI, parece que esta zona habría sido durante algunos siglos un ‘desierto humano’, que se traduciría en una recuperación importante de la vegetación. En estas condiciones, la red fluvial del entorno evacuaba sin problemas el poco material erosionado. Sin embargo, desde los siglos XII al XX se produce un aumento importante de la erosión de las laderas, y de la sedimentación a su pie. Curiosamente, en los últimos 20 o 30 años se está asistiendo a una inversión del proceso, y por primera vez después de casi mil años, la vegetación vuelve a recuperarse de manera espontánea en muchas zonas de este entorno.
Para saber más…
Este texto es un extracto del libro «Los desastres naturales en la cultura tradicional segoviana» (Díez Herrero et al., 2022), en el que se pueden encontrar las referencias bibliográficas completas citadas e información adicional; como es el caso del libro «Las raíces del paisaje. Condicionantes geológicos del territorio de Segovia» (Díez Herrero y Martín Duque, 2005).
