La Cuchillada de San Frutos

Si hay una narración popular segoviana que pudiera estar relacionada con los movimientos del terreno (desprendimientos, deslizamientos, colapsos…) en la provincia de Segovia, y que goce de enorme difusión, esa es el milagro de la Cuchillada de San Frutos.

Quizás una de las narraciones más antiguas de este milagro se encuentra en la obra de Lorenzo Calvete (1610), Historia de la vida del glorioso San Fructos, de la ciudad de Segovia:

«El Santo hizo antes que llegasen a él una raya en el suelo mandándoles no pasasen de allí: porque les quería mostrar por razones bastantes la ceguedad grande y error de su ley en que vivían. Y al punto que hizo la raya con el báculo que llevaba, se abrió la tierra, y se hendió la peña, y se hizo tan grande abertura que no pudieron pasar adelante; mostrando nuestro Señor por este milagro ser verdad lo que el Santo les predicava».

Cuadro ilustrando el milagro de la Cuchillada de San Frutos, ubicado en la iglesia del antiguo priorato.

También de Diego de Colmenares (1637) en su conocida obra sobre la Historia de Segovia, que en el capítulo X recoge:

«IV. En la miserable pérdida de España se acogieron muchos a lo oculto de aquella tierra y amparo de nuestros santos, los cuales sabiendo que algunas escuadras de moros venían a sus ermitas, les salieron al encuentro sin más armas que firme esperanza en Dios. Y viendo que llegaban cerca, Frutos, habiendo suplicado a Dios librase aquellos pobres fugitivos de la ira de aquellos bárbaros, que sólo les perseguían por cristianos, se les puso delante mandándoles en nombre de Jesucristo Dios hombre, criador y redentor del mundo, no pasasen de una raya que señaló con el báculo. Y al punto con admiración de todos se abrió la peña, dejando en medio de cristianos y moros una abertura profunda, que hasta hoy nombran la cuchillada de San Frutos».

La narración del supuesto hecho milagroso medio siglo después por Castro (1688), quien también recoge datos de la Historia de San Fructos, del Licenciado Lorenço Calvete (1610), describe la cuchillada y su origen de manera semejante, aunque más novelada:

«(…) Esta fundado [el Monasterio de San Frutos] sobre la eminencia de un risco, al qual ciñe un foso, que la naturaleza hizo tan profundo, que por partes tiene mas de docientos estados de hondo. Por èl se passea el Rio Duraton, cercando,y dando buelta casi a todo el sitio del Monasterio, de tal manera, que solo se puede entrar en èl por la loma de un braço de dicho Risco, que dexa de cercar el Rio, y aun aquí ay dificultad también, porque esta cogido el passo por una abertura profundissima, y ancha, que milagrosamente hizo el Señor San Frutos, como desspuesdirè; por lo qual es necessariovalerse de una puente de madera, para passar al Monasterio…».

….

Milagro que llama de la cuchillada

«(…) No es menos admirable el que ahora contarè. Aviendose apoderado los Moros de España, y de aquella tierra de Segovia, estando el Santo un dia en su habitación, vio venir por la parte Oriental que mira a Sepulveda una grande tropa de Moros, unos a caballo, y otros a pie, que como conquistadores de aquellos Pueblos traían grande algaçara. Admirose el Santo: mas nodiò lugar al temor que le podia ocasionar tanta chusma de enemigos: antes bien despreciandolos a todos, y esforçandose en IesuChristo, se fue poco a poco azia ellos con grande valor, y luego que llegaron a la redondez del Risco (como cien passos de su Monasterio) pretendio detenerlos, para que no ofendiessen a sus compañeros, y para alumbrarlos con su santa doctrina. Mandolosdetener el passo, y viendo, que no le obedecían, levantó el braço, y con un baculo que traía en la mano dio un golpe en el peñasco (a modo de cuchillada) mandándoles segunda vez con imperio, que no passassen de aquella raya, que su braçohazia, pena de indignación divina. Notable maravilla! Tan poderoso fue su imperio, y tan soberana fuerça, que obedeciendo el duro Risco a su voz, se abrió de parte a parte el monte por la misma raya que el Santo hizo con el baculo. Quedaron pasmados, y atonitos los Moros a vista de tan singular prodigio, sin saber lo que les aviasucedido (porque la abertura del monte tedràmas de quatrobraçadas de ancho, y su profundidad es muy grande) con que no fue posible passar adelante los Moros, quedandose burlados de la otra parte del Risco, y San Fructos con los suyos dando mil loores a Dios, que tan milagrosamente los avia librado de las manos sangrientas de sus enemigos. Oydia persevera esta abertura, ò cuchillada, que llaman de San Fructos, y para passar al Monasterio, se usa de una puente de madera».

Zanja de la Cuchillada de San Frutos vista desde abajo (lateral sudeste), y puente de sillarejo y mampostería para salvarla en el camino hacia el antiguo priorato.

Podrían existir narraciones más antiguas, como la atribuida a Juliano en su obra de los Adversarios, quien supuestamente recogería incluso una posible fecha para el milagro de la Cuchillada, que habría acontecido en el año 725 (Colmenares, 1637):

«PropeLitabrum (nunc Butracum) obijt 25 Octobris, Sanctus Fructuosus, Segoviensiscivis, vivusmortuusque, clarusmiraculisannoDomini 725. Sunt qui dicuntpassum a Sarracenis cum sorore, et fratre. MuzarabesSegovienses annoDomini 730, corporatranstuleruntSegoviam, nondumdirutam a Mauris».

La fuente, en este caso concreto, parece ser Juliano o Julián Pérez, arcipreste de Santa Rita de Toledo, un personaje ficticio que hubiera vivido a caballo entre los siglos XI y XII, de cuyo nombre se sirvió el jesuita toledano Jerónimo Román de la Higuera para dar salida a otra colección más de sus fabricaciones (Godoy Alcántara, 1868; Stylow, 2012); y al parecer otros ilustrados de los siglos XVI y XVII, como el propio Colmenares, que sin embargo critica su cronología de los hechos.

Según la simplificación de la hagiografía reciente (Díaz, 1971), ante la llegada de los musulmanes a las inmediaciones de su retiro en una península de las Hoces del Duratón, san Frutos dio un fuerte golpe con su cayada y, señalando una raya en el suelo con su báculo, provocó que las peñas se abrieran formando una profunda hendidura.

Martín Postigo (1980) también narra el milagro de la Cuchillada atribuido a san Frutos: «Al acercarse los musulmanes a la roca donde hacía penitencia Frutos, junto al cual estaban todos los que allí habían buscado refugio en la huída, este [San Frutos] marcó con su báculo una línea en la tierra, en la lengua estrecha que unía la roca al resto, y esta se abrió en el acto formando una grande y profunda hendidura que impidió el paso de los jinetes musulmanes, los cuales, asombrados por el extraño fenómeno, volvieron a Frutos y a los que con él se encontraban».

Esta grieta, que algunos reconocen hoy en día, separa en dos partes la península rocosa de la orilla interna de un meandro de las hoces, precisando un pequeño puente (construido en piedra en 1789) para ser salvada por los visitantes y fieles que acuden hasta la ermita del santo. Calleja (1983), como también hiciera León Tapia en 1623, narra el suceso en forma de verso:

«Pero, al hollar los primeros

la raya que trazó el Santo

un estruendo pavoroso

retumbó en montes y llanos

al tiempo que se partía

la roca de arriba abajo

por la línea que trazó

san Frutos con su cayado,

quedando a un lado los moros

y a otro lado los cristianos».

Una explicación geológica sobre la formación de la grieta podría esclarecer lo ocurrido. La Cuchillada parece corresponder a una de las múltiples diaclasas que existen en las rocas carbonáticas de las Hoces, producidas por efecto del plegamiento alpino; en concreto, esta diaclasa se asocia a la charnela de una amplia inflexión anticlinal que afecta a toda la península que encierra el meandro (Díez y Martín Duque, 2005; Sacristán y Vicente, 2018).

Secuencia evolutiva de la formación de la grieta ensanchada de la Cuchillada de San Frutos. Dibujos de Andrés Díez en Sacristán y Vicente (2018).

Estas grietas han sido posteriormente ensanchadas por erosión y disolución kárstica, así como por el desprendimiento de grandes bloques desde los cortados próximos. Y aquí puede estar la clave de lo acontecido en el siglo VIII de nuestra era: san Frutos, con los golpes de su cayado, o apalancando en alguna pequeña fisura de las paredes de la grieta, pudo provocar un desprendimiento que ensanchó la misma (Díez Herrero y Martín Duque, 2005; Sacristán y Vicente, 2018).

Estos desprendimientos se producen de forma natural a lo largo de los cortados rocosos del cañón, y solo en las inmediaciones de la ermita se han catalogado más de media docena de importancia en la última década (Calonge y Díez Herrero, 2002; Tanarro y Muñoz, 2012; Díez Herrero y Vegas, 2013).

Para saber más…

Este texto es un extracto del libro «Los desastres naturales en la cultura tradicional segoviana» (Díez Herrero et al., 2022), en el que se pueden encontrar las referencias bibliográficas completas citadas e información adicional.

geologiadesegovia.info
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