No, no os asustéis, que no os vamos a abrumar con la geología del territorio donde habita alguna especie, raza o comunidad felina particular. Ni tampoco con el origen geológico (arcillas expansivas como sepiolita, palygorskita-attapulgita o bentonitas activadas) de los productos que se emplean para fabricar las camas para gatos, desconocido para buena parte de la población, incluso para sus cuidadores.

Vamos a hablar de los condicionantes geológicos de la legendaria toma de Madrid a los musulmanes en la Edad Media por parte de las tropas castellanas cristianas del norte y del origen del apodo ‘gatos’, supuestamente aplicado para los madrileños de pura casta.
Leyenda de la toma de Madrid a los musulmanes
Ramiro II* había traspasado los montes Carpetanos, alcanzando Al-Ándalus. Los árabes, que le apodaban el Diablo, corrieron a refugiarse en las fortalezas de Madrid, Guadalajara, Talavera y Toledo.
Transcurrieron meses sin avances, se acercaba el invierno y Ramiro, harto de penalidades, decidió regresar a su plácida León y recuperar comodidades cortesanas. Los castellanos protestaron, temiendo un contraataque en venganza y el temor llegó hasta Segovia, una ciudad rodeada de altísimos valles, nunca conquistada.
Fernán García y Día Sanz, jefes de los clanes guerreros de Segovia, decidieron unirse a Fernán González, líder castellano que acompañaba al rey, pero una tormenta retrasó su marcha hasta la noche. Cuando solicitaron alojamiento en el campamento real, Ramiro, temiendo que era una argucia de los castellanos, dijo:
-Si necesitan descansar, tiene Madrid un alcázar moro que ofrecerá comodidad a tan delicadas espaldas.
Ofendidos por la descortesía, los segovianos superaron la muralla madrileña trepando como gatos. Antes de medianoche ocuparon la fortaleza y mandaron un mensaje al rey:
-Si deseáis dormir en blando, os reservamos una cama.

Día Sanz y Fernán García crearon la Orden de los Nobles linajes en celebración de la conquista. Y fue regidor de Madrid uno de los “gatos” que la conquistaron.
* Existen dos versiones de esta leyenda: una, ambientada en las campañas de Rodrigo II; otra (que recogí en Leyendas heroicas y picarescas) en las campañas de Alfonso VI, un siglo después. En uno u otro siglo, lo que celebra la leyenda es la prevalencia histórica de Segovia sobre Madrid.

Lo que la geología puede ayudar a interpretar
La expansión de la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia ‘allende Sierra’, al sur del Sistema Central, y la repoblación por los tercios y las milicias segovianas de los territorios al sur del Guadarrama durante la Edad Media es un proceso histórico digno de ser estudiado en profundidad por su eficiencia.

Hasta el punto de que, en apenas unas décadas, los sexmos segovianos se extendieron hasta el propio río Tajo (Fuentidueña de Tajo) por el sur y hasta el río Alberche (Aldea del Fresno) por el oeste; con una rapidez en la fundación de poblaciones y ocupación de tierras que incluso levantó la suspicacia del concejo de la villa de Madrid y su alfoz, que se vio rodeada por territorio segoviano y en varias ocasiones pidió amparo a la corona para no ser incorporada o asimilada como territorio segoviano.

Las causas de esta rapidez en la repoblación segoviana de la actual provincia de Madrid son varias y muchas de ellas de índole política, económica, administrativa… Pero siempre se ha obviado la influencia de la configuración geológica del territorio en este proceso repoblador. Efectivamente, el Sistema Central y en particular la Sierra de Guadarrama es un macizo montañoso que, desde el punto de vista geológico, tiene una configuración simétrica respecto a la divisoria de aguas; de tal manera que la vertiente septentrional (actualmente segoviana) y la vertiente meridional (actualmente madrileña desde 1833), poseen bandas o franjas de territorio subparalelas (cumbres, laderas, piedemontes, lastras, campiñas, vegas) con las mismas o parecidas rocas en el subsuelo, sobre las que se formaron parecidos suelos, sobre los que crece parecida vegetación, con semejante fauna, en la que se pueden establecer los mismos usos (forestales, ganaderos, agrícolas…). No ocurre lo mismo con otras cadenas montañosas peninsulares, como la Cordillera Cantábrica, los Pirineos o las Cordilleras Béticas, que son geológicamente asimétricas y en sus diferentes vertientes las rocas son diferentes y el paisaje distinto.

De esta forma, cuando los repobladores segovianos cruzaban la Sierra por los puertos y collados, lo que se encontraban al otro lado y hasta Madrid y el río Tajo, en absoluto les resultaba ajeno. Las laderas de pinar y robledal de Abantos al Escorial eran como las del Reventón a La Granja; el piedemonte con fresnedas de Villalba era como el de Navafría; las lastras con enebrales de Venturada eran como las de Prádena; las campiñas con encinares de Torrelodones eran como las de Lobones; y las vegas con choperas y saucedas del Jarama y Manzanares eran como las del Moros y el Cega. Por ello, no les resultó difícil establecer poblaciones y dotar de usos tradicionales a ese territorio, con los mismos oficios que sus ancestros practicaban al otro lado de la Sierra; y la ocupación del territorio, parcialmente despoblado, fue rápida y total.
En este proceso de repoblación y ocupación del territorio rápido de norte a sur se enmarca la leyenda de la toma de Madrid a los musulmanes y la participación de los tercios segovianos capitaneados por Día Sanz y Fernán García, cuyo conocimiento del territorio les permitiría desplazarse largas distancias gracias a la disponibilidad de recursos naturales (agua y alimentos para las milicias y las caballerías, cobijo en abrigos, ventas y tenadas, etc.); y hacerlo en tiempo récord desde la propia ciudad de Segovia y su alfoz hasta la posición islámica amurallada de Mayrit.

Hay otro detalle geológico curioso en esta leyenda de la toma de Madrid: los muros y lienzos de la muralla islámica que los tercios segovianos escalaron y superaron en primer lugar estaban hechos de mampostería y sillarejo de diferentes tipos de rocas y minerales del entorno, junto a tapial de tierra prensada, adobe y ladrillo. Entre esos bloques de piedra que abundaban en la muralla estaba el sílex o pedernal (variedad microcristalina de la sílice), abundante en los cerros del sur de Madrid, como cerro de Almodóvar, con depósitos lacustres miocenos.

Los segovianos, al escalar como avezados gatos los lienzos y cubos de la muralla hecha de sílex y ayudarse de sus armas metálicas (puñales, espadas, lanzas, picas) introduciéndolas en los huecos de las piedras, como consecuencia de la fricción de la sílice del pedernal con el hierro, hacían saltar chispas que llamaban la atención de los sitiados madrileños, a los que les parecía que el fuego estaba incendiando la muralla. Por este motivo, el primer emblema de Madrid, datado sobre el siglo XII, representaba un pedernal sumergido parcialmente en agua, con dos eslabones a los lados entrelazados que frotan una piedra de sílex haciendo que de esta salgan chispas, según la descripción rescatada por el cronista de Madrid López de Hoyos en sus obras. En torno al conjunto heráldico se situaba una inscripción en latín «Sic gloria labore» (así es la gloria del trabajo), que se completaba con una la leyenda en castellano: «Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón».

En definitiva, la geología simétrica del Guadarrama permitió una repoblación y ocupación rápida del territorio al sur de la Sierra por parte de los segovianos; y los materiales geológicos en el entorno del poblado musulmán de Mayrit, con los que se construyó la muralla islámica, siempre según la leyenda, fueron tan cruciales que convirtieron a los segovianos en los verdaderos gatos, que con sus armas hicieron saltar chispas que hasta figuran en la leyenda del escudo de la villa.

Para saber más…
Esta entrada es un extracto de uno de los apartados del libro:
Díez Herrero, A. y Pastor Martín, J. (2026). Leyendas en Piedra. Con el alma en la Tradición y los pies en la Tierra. Ediciones Derviche, Segovia, 233 páginas. ISBN: 979-13-991682-7-3; Depósito Legal: SG 95-2026.

