Profetas…pero no en su tierra

En numerosas ocasiones nos hemos hecho eco en esta web y blog de la intensa e interesante actividad que desarrollan en el extranjero nuestr@s geólog@s y afines (ingenier@s geólog@s, topógraf@s, ambientól@s, geógraf@s, ingenier@s de minas y otr@s simpatizantes de la gea segoviana). Hasta el punto que hubo una sección de la web, denominada «geosegovian@s por el mundo», para contar las andanzas y curiosidades de su vida profesional y personal allende nuestras fronteras.

Por estas páginas han pasado desde Alejandro Gaona y Óscar Cabestrero (Chile), Ignacio Gutiérrez (EE.UU.), Ana Lucía (entonces en Italia, ahora en Alemania), y Daniel Pastor (primero en Países Bajos y ahora en Japón), entre otros muchos. A este último geosegoviano le hemos dedicado recientemente otra entrada de la web por su publicación sobre la curvatura del orógeno varisco ibérico («El chico de la curva») y hemos destacado que acaba de publicar un interesante artículo sobre la edad de los esquistos de alta presión más antiguos de Japón.

Pero en esta ocasión vamos a dedicar esta entrada a una geosegoviana que habita por tierras eslovenas desde hace años, a pesar de lo cual no pierde contacto científico con su equipo de procedencia y sigue publicando interesantes artículos sobre la gea hispana. Se trata de Andrea Martín Pérez, ahora investigadora en el Research Centre of the Slovenian Academy of Sciences and Arts, en Ljubljana (Eslovenia), dentro del Ivan Rakovec Institute of Paleontology.

El último número publicado de la prestigiosa revista internacional Sedimentary Geology (411, diciembre de 2020), contiene un artículo titulado «Precipitation of kerolite and sepiolite associated with Mg-rich carbonates in a cave environment» firmado por Andrea Martín y otros cuatro autores (Ángel La Iglesia, Gonzalo Almendros, José A. González-Pérez y Ana María Alonso-Zarza), sobre la caracterización de dos especies minerales singulares (como son la kerolita o querolita, y la sepiolita) en un depósito del interior de una cueva (espeleotema) llamado moon milk por su aspecto y color (traducido literalmente como «leche de la Luna»); llegando a la conclusión de que su precipitación se ha producido en condiciones ambientales concretas y de forma abiótica.

El resumen de este interesante artículo, en una traducción casi literal y sin revisar, viene a decir: «En la Cueva de Castañar (Cáceres, España), las fases de Mg-Si que forman fibras y películas se producen asociadas al aragonito, la magnesita, la huntita y la dolomita esferoidal en la ‘leche de la luna’, los revestimientos y los espeleotemas de la corteza. Un estudio detallado de las muestras de masa y de carbonato nos permitió identificar las fases de Mg-Si como querolita (Mg3Si4O10(OH)2-nH2O) y sepiolita Mg4Si6O15(OH)2-6(H2O) de «cristalinidad» variable y composición muy pura. Bajo el microscopio electrónico de barrido, la querolita aparece como masas o películas gelatinosas y lisas, mostrando algunas características de desecación. La sepiolita se presenta principalmente como fibras aisladas de 50 a 200 nm de espesor y hasta 50 μm de longitud, y como esteras de fibras entrelazadas de varias formas. La pirólisis analítica (Py-GC/MS) de la materia orgánica asociada a estos minerales en los espeleotemas de la ‘leche de luna’ muestra un conjunto compuesto que carece de carbohidratos, moléculas portadoras de nitrógeno y ácidos grasos, lo que indica que no hay actividad microbiana. La querolita y la sepiolita se formaron muy probablemente de forma abiótica por precipitación directa en las aguas de la cueva, en condiciones de alta actividad de sílice y magnesio y un pH relativamente alto. Estas condiciones se alcanzaron mediante la desgasificación local de CO2 que tuvo lugar en goteos extremadamente lentos y en aguas capilares de espeleotemas de gran superficie, en un sistema dinámico en el que la renovación de las aguas infiltradas y las transformaciones diagenéticas de los carbonatos y silicatos también contribuyeron a una importante variabilidad hidroquímica a microescala.»

Enhorabuena, Andrea (y resto de firmantes). Como siempre, nos sentimos muy orgullos@s de vuestros trabajos y de la repercusión internacional de las investigaciones que desarrolláis en el extranjero, y que esperamos que algún día puedan desarrollarse en nuestro país, recuperando tanto talento y valía para el desarrollo científico y socio-económico de España.

P.D.: Fijaros en el detalle, no baladí, de que Andrea, tanto en el perfil de su centro de investigación, como en la red social de científicos ResearchGate, usa como foto un retrato con nuestro acueducto de fondo. ¡Segoviana hasta la médula!


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