Analizando Las Mojadas de Caballar (I)

Las Mojadas de Caballar, o simplemente ‘Las Mojadas’ son, sin lugar a dudas, la manifestación cultural popular relacionada con los desastres naturales (en este caso sequías) más conocida y documentada de cuantas se han producido en la provincia de Segovia, al menos en tiempos recientes (siglo XX).

No obstante, entre todas estas visiones sobre Las Mojadas falta por desarrollar en profundidad el enfoque científico, que relacione el fenómeno natural (sequías meteorológica y/o hidrológica) y su magnitud y frecuencia, con la celebración de la manifestación cultural. Algunos autores han avanzado, aunque de forma descriptiva, las diferentes periodicidades y casuística temporal de la manifestación, así como su grado de éxito en la consecución del final de la sequía, o simplemente de la producción de lluvia posterior (Calleja, 1988). Pero ninguno hasta el momento ha correlacionado la celebración de Las Mojadas con parámetros meteorológicos y climatológicos tanto locales como regionales y nacionales; ni tampoco se han establecido índices cuantitativos, como sí que se ha realizado con otro tipo de rogativas pro pluvia en otras regiones de la península y la cuenca mediterránea.

Analizando la temporalidad histórica de Las Mojadas de Caballar

En primer lugar, para analizar científicamente la temporalidad de celebración de Las Mojadas, conviene tener en cuenta que las fechas documentadas de celebración podrían tener varios sesgos que condicionan su análisis y correlación paleoclimatológica: sesgo de disponibilidad documental, derivado de que no sea un registro continuo, sino que haya épocas en las que no quedó registrado (por falta de los libros parroquiales o de actas), mientras en otras se recogían todos los eventos celebrados; sesgo de variación de la percepción, derivado del cambio de percepción de la importancia de la sequía por parte de la población a lo largo del tiempo (diferente en la Edad Moderna que en la Contemporánea); y sesgo sociocultural, dependiente de la realidad social y religiosa de un periodo, diferente durante la Segunda República que en el Franquismo, por ejemplo. No obstante, si aceptamos el registro como continuo y con cierta homogeneidad, desde el punto de vista temporal cabría analizar tres circunstancias de Las Mojadas:

Las fechas en las que se celebraron en relación con las etapas, periodos, oscilaciones y pulsaciones climáticas históricas conocidas.

Como se puede comprobar en la distribución decenal de las rogativas en Caballar, la mitad se celebraron entre finales del siglo XVI y mediados del siglo XIX (15 años con rogativas, con dieciséis rogativas en total), precisamente el periodo que corresponde al desarrollo de la conocida como Pequeña Edad de Hielo (PEH) en Europa y la península ibérica, un periodo relativamente fresco y húmedo, en el que fueron frecuentes las fuertes fluctuaciones climáticas y eventos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones).

De ahí que no es de extrañar que exista una buena correlación temporal entre las fechas de celebración de Las Mojadas con rogativas a otros santos, Vírgenes y cristos, no solo en el resto de la provincia de Segovia, sino en el resto de España y la cuenca mediterránea (Martín Vide y Barriendos, 1995). A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, un periodo de concentración de rogativas y Mojadas (celebraciones en los años 1593, 1602, 1609, 1620 y 1635), coincide precisamente con las múltiples alteraciones bruscas del clima, con fenómenos meteorológicos extremos (lluvias torrenciales y sequías), que se alternan con inundaciones catastróficas en otras zonas de la provincia de Segovia (río Eresma en Valsaín y Segovia; Bullón, op. cit.; Díez-Herrero et al., op. cit.; Génova et al., op. cit.). Especialmente patente es la realización de repetidas Mojadas durante el periodo de la conocida como anomalía o pulsación Maldà, que se produjo entre los años 1760 y 1800 (García Torres, 2016), aunque otros autores lo hacen extensivo al periodo 1750-1824; y que recibe el nombre en honor al apellido de un aristócrata levantino que vivía de las rentas y que en épocas de sequía veía mermados los ingresos de los arrendatarios agricultores, y por ello tomaba nota de parámetros meteorológicos. Dentro de la citada pulsación Maldá se han definido dos fases de incidencia de los fenómenos extremos (García Torres, 2016): una primera, entre 1760-1779, más suavizada en la costa mediterránea, pero de sequías repetidas en el interior peninsular (tres Mojadas en 1767, 1770, 1775); y otra, de mayor gravedad, en Levante, entre 1780-1800, pero suave en el interior (una Mojada en 1780); a lo que cabría añadir otra tercera fase inicial, entre 1750 y 1759, igualmente intensa, al menos en el interior peninsular (dos Mojadas en el año 1753) y una cuarta fase final (1801-1824), de repetidas sequías en el interior (tres Mojadas en 1803, 1820 y 1824). Un periodo interesante de estudio es el final del siglo XIX y principios del siglo XX, en el que la finalización de la Pequeña Edad de Hielo produjo igualmente fuertes fluctuaciones climáticas, con frecuentes eventos de inundaciones catastróficas en los grandes ríos del interior peninsular (muy documentadas en la cuenca del Duero y del Tajo, como la de 1876); y, al parecer, alternándose con periodos de sequía, como se deduce de la celebración de Mojadas en siete años (con diez celebraciones) entre 1865 y 1925. Otros periodos de ausencia de Mojadas (ni tan siquiera rogativas sin inmersión, solo novenas), como el periodo entre 1649 y 1737, pueden no deberse a oscilaciones climáticas, sino a prohibiciones papales de este tipo de ritos de inmersión, como lo demuestra que en ese periodo hubo más de 16 años con rogativas a la Virgen de la Fuencisla, sin ninguna Mojada documentada; o prohibiciones civiles o legales, como entre 1931 y 1936, durante la Segunda República. Al igual que periodos de elevada concentración de Mojadas, como la etapa del Franquismo entre 1940 y 1975, en el que se celebraron Mojadas tres años (con cuatro celebraciones), pueden deberse a la religiosidad popular amparada por el régimen.

Para saber más….

Esta información es un extracto del capítulo 7.1 del libro «Los desastres naturales en la cultura tradicional segoviana» (Díez Herrero et al., 2022), en el que se puede encontrar abundante bibliografía adicional, como las referencias citadas en el texto.


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