La estación de ferrocarril de alta velocidad de Segovia, a la que se le asignó el nombre de ‘Segovia Guiomar‘ (en alusión al pseudónimo del amor del escritor Antonio Machado, a quien visitaba en Madrid utilizando el ferrocarril desde Segovia), es un auténtico laboratorio al aire libre de geología para los aficionados al mundo de las ciencias de la Tierra.

Si hace poco nos hacíamos eco en esta página web de la existencia de un panel con un singular corte geológico en una de sus salas multiusos del interior de la estación, no menos interesante es el exterior de la misma. Tanto los taludes laterales de la trinchera donde se ubican los andenes y las vías, como los materiales de construcción del edificio de la estación, constituyen muestrarios de diferentes tipos de rocas, texturas y estructuras.

La trinchera que se excavó en el piedemonte entre el cerro de Matabueyes (salida de los túneles de Guadarrama) y las proximidades de la ermita de Juarrillos (Hontoria) corta rocas metamórficas (formadas por aumento de presión y temperatura de rocas preexistentes), con edades que van entre los más de 600 millones de años hasta hace unos 490 millones de años.

Desde los andenes, mirando a los taludes allí donde no están cubiertos por vegetación, escolleras o cementados (gunitados) se pueden observar rocas de colores pardo-grisáceos. Se trata fundamentalmente de gneises (popularmente conocidos en los pueblos serranos de Segovia como ‘piedra centenera’) de diferentes orígenes y tipos: gneises ortoderivados (por transformación de rocas ígneas, como antiguos granitos) y paraderivados (por transformación de rocas sedimentarias, como arcillas); gneises glandulares (con grandes glándulas elipsoidales de feldespato y cuarzo), bandeados (con la foliación muy marcada), crenulados (con pequeños pliegues); gneises melanocratos (oscuros, casi negros), mesocratos (de colores intermedios, grises y pardos) y leucocráticos o leucogneises (de color claro, blanquecino).

Además hay texturas porfidoblásticas (con grandes cristales), orbiculares (con cristales con bandas concéntricas de crecimiento), migmatíticas (con bandas que parecen granitoides), etc. En definitiva, desde los andenes podemos ver en las rocas las auténticas ‘50 sombras del gneis‘.

Talud lateral de la trinchera excavada en la que se encuentran las vías y los andenes de la estación de Segovia Guiomar, donde se reconocen escolleras colocadas y también taludes de rocas pardo-grisáceas (gneises), con texturas orbiculares (círculos y elipsoides de color blanquecino). Foto: Pablo Marinero.
Detalle de los gneises con textura orbicular y crecimientos concéntricos anulares en un talud lateral de la trinchera de la estación de ferrocarril de Segovia Guiomar. Foto: Pablo Marinero.

Además de gneises, en los taludes también se observan otras rocas metamórficas como mármoles (resultado del metamorfismo de calizas y dolomías), rocas de silicatos cálcicos (de colores verdosos por los minerales como serpetina, clorita, talco, etc.), anfibolitas y otras muchas difíciles de diferenciar. Y muchas veces se encuentran absolutamente replegadas como consecuencia del metamorfismo y los esfuerzos tectónicos de la orogenia varisca o hercínica, ocurrida hace entre 350 y 250 millones de años.

Rocas de silicatos cálcicos y metasedimentos paraderivados del metamorfismo de rocas sedimentarias, afectadas por pliegues tumbados recumbentes, en uno de los taludes de la trinchera del ferrocarril en la estación de Segovia Guiomar. Foto: Pablo Marinero.

Por último, atravesando estas rocas metamórficas (gneises, mármoles y rocas de silicatos cálcicos) hay numerosos diques, filones y venas de rocas ígneas (granitoides como leucogranitos aplíticos, sienitas, monzogranitos rosados, microdioritas…) y minerales (cuarzo) que intruyen en las anteriores.

Por su parte, aunque en la construcción del edificio de la estación de Segovia Guiomar se emplearon fundamentalmente materiales artificiales (hormigón, diferentes metales, vidrio), el recubrimiento exterior del edificio está chapado o recubierto por placas de una caliza bioclástica conocida con el nombre comercial de Rosa Sepúlveda, que da la característica coloración asalmonada al edificio principal de la estación.

También el hall principal interior de la estación está recubierto por esta roca de tonos asalmonados.

Se trata de una roca formada en un mar cálido y somero, hace unos 80 millones de años, en las proximidades de un antiguo arrecife de rudistas que se ubicaba entre las actuales ubicaciones de Sepúlveda y Castrojimeno.

Por su parte, el pavimento de la entrada exterior de la estación está formada por losas de pizarra negra, parecidas a las que se explotan desde hace siglos en Bernardos (Segovia), aunque desconocemos su origen.

Por su coloración oscura, si no tiene las bandas y juntas de dilación adecuadas, causa problemas tanto en verano por dilación y levantamiento; como en invierno, porque el efecto hielo-deshielo aprovecha la pizarrosidad y desescama las losas, empezando por sus vértices.

Hay otros muchos elementos geológicos de interés en la estación de Segovia Guiomar, como las rocas ornamentales que decoran los servicios (mármoles y calizas marmóreas) y las dependencias de Adif. Pero eso será objeto de otra entrada de nuestra web. Por ahora nos quedamos con que Segovia Guiomar es también Segovia ‘Geomás’, y se pueden observar las ‘50 sombras del gneis